Vuelvo, revuelvo, recobro
Recobré lo melódico de mi voz,
de la que no se oye,
para caer en la cuenta de que la puedo volver a perder
en cualquier momento grisáceo y difuminado.
No es el final del laberinto
sino el centro perfectamente simétrico
lo que me hace creer orientada.
Revuelvo mis pies en la arena
con la sensación cálida del olor del verano,
el frescor confortable del aire matutino.
Tomo la luz a cucharadas,
tragando rayo tras rayo de miel
olvido el frío de cuerpos opacos,
y se me escapa mi sombra,
pero yo soy más lista que Peter Pan…
no quiero volver a verla,
creo que la regalaré a las ruedas de los coches,
ella nunca encontró más que el principio del laberinto.