Yo y la Junta
Hemos tenido Junta. Para este tipo de Juntas Pepecar delega en mí, dice que él, en la posición estamental que ocupa como catedrático, ya tiene bastante con las otras, que si los acuerdos, que si los ruegos y peticiones y preguntas y cuestiones le tienen sin cuidado. Yo intente convencerle con todos mis medios. Con mis buenas artes tengo poco que hacer, porque con eso de que me estoy haciendo un tratamiento capilar específico para el flequillo, la de la peluquería tiene poco tiempo para otras zonas, en las que el pelo no falta sino que sobra, y así ando yo desde que terminó el verano.
También lo intente con mis malas artes, pero ¿qué puede hacer una mujer como yo, experta en la tortura del dieciocho contra un hombre que es el santo santorum del exilio? El Pepecar, no se si porque ya me va conociendo después de tantos años, a pesar de mis inmensas complejidades, y se dio cuenta que me quería escaquear de la Junta o porque ya ha notado por debajo de las sabanas el exceso capilar, lo cierto es que me ha enviado al ostracismo de mi colchón de latex con somier eléctrico independiente.
Mientras que él se ha auto desterrado a su salita, a su cómodo sillón orejero Burdeos modelo imperio con tapetillo de ganchillo regio, donde se mete unas cabezadas entre pecho y espalda que ya les gustaría a otros. No te diré más que el volumen sobre la novela de posguerra recién salidito de imprenta, en el que por fin se pone por escrito el chascarrillo que él tantas veces había sentado en cátedra de que Cela fue un confeso delator, me lo he encontrado esta mañana lleno de babilla.
No sé si ha sido el sueño o el regusto que le ha debido dar el ver escrito y documentado lo que hasta ahora solo decía soto voce en clases magistrales de confianza. (que tendrá esta Marina que aún le guarda el respeto… )
Bueno que a la Junta he tenido que ir yo, ¿y allí que me encuentro?, pues a la bruja del primero que quiere que el del entresuelo quite el aire acondicionado del patio de vecinos y que además le indemnice por el mal verano que le ha hecho pasar sin una mala siesta que echarse al cuerpo. Y yo me pregunto y con esto ya os dejo, ¿para qué querrá esta buena mujer, nonagenaria para más señas, una buena siesta, si no tiene con quien compartirla??? Utilizará para ello la indemnización???
Me largo a que me depilen, antes de que los parches para menopausicas me sigan atacando a la libido. Lo que son los estrógenos…
Comentario por Jio
Sabe Lola A. Como profe siempre está a punto de poner en peligro su propia vida, pero la verdad es que con su agresividad conducida al escrito hemos ganado muchos lectores.
Una cosa, ¿el Pepecar no tenía una campanilla para llamar desde el sillón orejudo a una criada filipina o algo así? Me suena de un cotilleo vecino a la nonagenaria…
Lola A., va por ti: ¡Viva la “literatura” del sXVIII y el género epistolar!
FeijoOOoooo….
Posted on Septiembre 28, 2004 at 2:10 pm
Comentario por siloam
jeje, qué bueno. Lo de la junta me ha recordado a una en Mdrid en la que unos acusaban de gastar demasiada agua caliente, y los otros le decían que :so guarros, no os duchais.
¿los estrógenos consiguen estas cosas?, umm, mira para ellos.
saludito.
Posted on Septiembre 28, 2004 at 10:01 pm