Yo y la puntualidad.
Deviene insoslayable comentar que en todos los ámbitos de mi vida, profesional y personal –si a esto se le puede llamar vida personal- soy considerada una mujer muy puntual.
Si digo el Martes será el Martes, será el Martes y CQC, Abreviatura de Caiga Quien Caiga. Como podéis suponer éste –el uso de abreviaturas- es otra de la licencias que me estoy obligando a tomar, en aras de lograr la aquiescencia y sobre todo la celebridad, entre mis más jóvenes lectores. Deberé decir en honor a la verdad, y para que no me tachen de Ana Rosa, no por los mellizos, sino por la apropiación indebida de propiedad individual ¿o era intelectual?, que estas curiosas siglas las utilizó uno de mis alumnos en un examen al hablarme de la tozudez de Fray Gerundio Campazas. Evidentemente el suspenso fue fulminante. Pero yo, que me quedo con todo, tome buena nota, mientras el pobre chaval salía cabizbajo de mi despacho tras conocer mi opinión sobre el uso indiscriminado de abreviaturas discordantes e incoherentes.
En cualquier caso, el Martes que yo sepa comienza a las 6.30 de la mañana que es cuando yo abro el ojo. Otra cosa es que con los pegotones de rimel que me pongo no consiga que traspase la luz hasta bien entradas las siete, pero mientras tanto hago inhumanos esfuerzos, y así consigo estos encantadores y musculosos párpados que ya conquistaron en su día a Pepecar. Hay que reconocer que con tanto músculo, lo que para otras es una simple caída de ojos, en mí es todo un ejercicio anaeróbico.
Y volviendo al tema en cuestión: la falta de diligencia horaria entre todos aquellos que me rodean. Es una vergüenza que tenga que andar esperando allá donde vaya. Llamó al taxi para desplazarme al campus universitario. Mi residencia habitual no está a más de cinco minutos andando, pero dado que todo el mundo parece tener un irrefrenable odio hacía este gremio, yo que siempre intento estar con los desfavorecidos, hago uso habitual de sus servicios. Realmente lo hago porque estadísticamente es el colectivo que mas frecuentemente escucha Federico Jiménez Losantos.
Por cierto que me dice mi tecleadora habitual, una pobre chica a la que tengo para que me transcriba y enriquezca los escritos, (de ahí lo de la avecren) y que realmente es la única que descifra mi caligrafía que la mayor parte de las veces, ni yo misma entiendo. Me viene, por cierto ahora a la memoria, el día que la entregue las dos cuartillas con todos los dibujitos que había pergeñado mientras hablaba por teléfono con una amiga, (dos horas y media) y la muy salada de la avecren va y me entrega una conferencia de hora y media sobre Cadalso que quito el hipo hasta el mismísimo Pepecar, que todavía recuerdo cómo me miraba desde la primera fila con esa mezcla de arrobo que sólo yo le provoco: y aún tuvo el valor de preguntarme, mientras me daba el nocturno masaje en los pies, que de donde la había sacado (hombre de poca fe, como me conoce después de tantos años….). Bueno ya os contaré otro día la historia de esta pobre, que la tengo aquí de doctoranda desde hace un montón de años, y lo que te rondaré morena, que gracias a doctorandas como ella tengo yo la descarga docente que necesito todas las semanas para ir a la peluquería a seguir mi tratamiento capilar en el flequillo.
A lo que vamos, que lo que pone en mi conocimiento la avecren, es que el corrector automático de no se que programa electrónico que ella utiliza, cuando teclea Losantos lo convierte automáticamente por Lozanitos con lo que mi última oda al magnifico orador había perdido toda la rima asonante. Espero que sepa volver todo a su ser, que si no la tengo otro año mas investigando para que aprenda a descuadrarme las odas.
Volviendo al tema puntual, que a los del taxi les llamo todas las mañanas para solicitar sus servicios. Y otra historia, que ya relataré en el momento oportuno, es porque Pepecar no me deja deleitarme en mi propia casa con este estupendo y carismático radio-predicador.
Tanta digresión me ha dejado exhausta y sin ganas de nada. A ver si llegando la media hora de retraso de rigor a la pelu todavía me cogen.
Comentario por Jose
O sea, que para parar los taxis haces un movimientos de pestañas, y con la tramontana que montas el taxista se da cuenta…
Posted on Noviembre 10, 2004 at 10:47 am
Comentario por jio
uys josé, el taxista le para y se come un discurso sobre el servicio tan profundo que realiza a la sociedad.
(pobre doctoranda, su salud mental debe estar al límite).
eeeeh, mmm, a su salud lola a.
Posted on Noviembre 10, 2004 at 3:53 pm
Comentario por Bo Peep
Vaya, ya somos dos. Lo mío, no obstante, debe ser patólogico, si digo a las siete es a las siete y si llego a las siete y cinco llego disculpándome. Adler mantenía que, en sociedades como las actuales, la puntualidad era un síntoma de neurosis y me dio la tarde el buen hombre. Aducía que el neurótico llega puntual para poder martirizarse por la falta de respeto de los otros y cosas por el estilo. Menos mal que nos psicoanalistas se quedaron en el siglo pasado.
Posted on Noviembre 11, 2004 at 12:14 am
Comentario por Jose
Igualico..igualico que yo Bo Peep… (en puntualidad)
Posted on Noviembre 11, 2004 at 12:39 am