Yo y la disciplina.
No me gusta repetirme, y de ahí que no pueda volver a retomar el tema de la puntualidad que es con el que me quede la última semana. En otro momento explicaré porqué es exactamente los martes y otro lugar tendré que recopilar la reconvención a la que me sometió Pepecar cuando leyó mi última colaboración. Resumiendo porque no me puedo quedar con las ganas de contarlo, que va y me dice que aparecen demasiados personajes secundarios, que así no voy a lucir yo misma con luz propia y que es exactamente lo que pretendo, al contar a los cuatro vientos cómo otros arreglan, amplían, y estructuran mis maravillosas y personales ideas, que por ahí está muy mal visto que la gente funcione con influencias externas.
Pero haber, le dije, mientras pestañeaba lentamente (a determinadas horas de la noche mis párpados ya no pueden con su propio peso específico) en primer lugar la única e indiscutible protagonista soy yo y eso ya queda incuestionablemente claro en cada una de las líneas. En segundo lugar, si lo que quieres es más protagonismo, en esta mí sección, dímelo, que desde los setenta no me dedicas ninguno de tus artículos y yo no he dicho ni mu, pero yo bien que te cito en la primera ocasión que tengo.
Por otra parte, que mis únicas influencias son simple y llanamente los carajillos de coñac, el te con vozka, el batido de chocolate con ponche y esas pequeñas cosas que ayudan a ver el mundo de colores. Y por último y para finalizar nadie lee el fancine ese de marras así que, que más te dará.
Para cuando logré abrir completamente los ojos descubrí que él los había cerrado por completo. A eso le llamo falta de atención y lo demás con cuentos. Así que qué puedo hacer casada con un señor catedrático que es incapaz de soportar una sola de mis personales disertaciones? Estoy convencida de que en público, en las que me escriben otros, en las que hablan sobre la luctuosidad de las noches, la escolasticidad en Jovellanos, los discursos de los martirios, o incluso aquellas epístolas firmadas de Cornelia Bororquia, en esas no se duerme porque dios sabe en que estará pensando, pero cuando yo tengo algo que decirle, algo importante, algo mío y personal, va y se queda frito.
Estoy pensando en instalarme un púlpito o una tribuna o un estrado en el saloncito donde se echa las siestas y desde ahí hablarle, pero también estoy pensando en quitarme la bañera y ponerme un jacuzzi y aquí me tienes, que el catedrático me dice que quiere una torre de hidromasaje y yo aquí me quedo, meditando si termino de contar lo del gremio del taxi, o la frasecita que me suelta Pepecar, para justificar su negativa a dejarme oír por las mañanas a mi radio-predicador preferido con sus bromas ocurrentes sobre la benemérita o la malamerita (el Jiménez Losantos seguro que también abusa de las influencias del café con coñac, que le tengo yo cogido el punto de la gracia y no falla, nos conocemos entre nosotros, esas cosas que dice, a esas horas de la mañana no se le ocurren sin un buen torres 5 en el cuerpo)
Bueno el Pepecar dice que no me deja escuchar la COPE por las mañanas “por mi propia salud mental”, y de ahí no lo sacas oye y vale que le deje que me prepare las papeletas el día de las elecciones y me las cierre y luego me las de antes de entrar en el colegio electoral, que a saber tu lo que meterá en las dichosas papeletas. Vale que me marque con cruces a quien tengo que elegir en el departamento, así como para la votación de decano y que conste que nunca he dicho nada porque siga votando al del cuarto derecha como presidente de la comunidad (aunque sabe perfectamente que no lo soporto desde que hace seis años y tres meses coincidimos en el ascensor y no se le ocurrió otra cosa que preguntarme que qué perfume llevaba. Y es que todos sabemos que Adler mantenía que, en sociedades como las actuales, esa obsesión por el perfume era un síntoma de neurosis y me dio la tarde el buen hombre. Aducía que el trastornado por las fragancias se martiriza por la falta de respeto de los otros y cosas por el estilo. Menos mal que los psicoanalistas se quedaron en el siglo pasado, pero yo no he vuelto a subir con él jamas en el ascensor.
Comentario por luaDark
Bueno yo “suelo” ser “bastante” disciplinada :$
(lo que está entre comillas se puede tomar como “en ocasiones”)
Pero vamos que la disciplina “dentro de unos límites” está bastante bien, verdad? o no,… a saber…
Dark kisses
Posted on Noviembre 16, 2004 at 6:54 pm
Comentario por elsacapuntas
Lola, a estas horas todavía no he depertado por completo, faltan un par de cafés, así que mientras te leía he tenido que hacer un sobreesfuerzo para mantener los ojos abiertos…, a eso si que lo llamo yo disciplina.
Un abrazo.
Posted on Noviembre 17, 2004 at 10:07 am