Yo como Santo Tomás…

Posted by Lola A. on Diciembre 21st, 2004 — Posted in El diario de la doctora Lola A.

Yo como Santo Tomas, si no pongo la mano encima no me lo creo. Aun así, la pondría muchas veces porque seguiría sin creérmelo. Y llegados a este punto me pregunto qué que es lo que puedo decir, en las fechas en las que entramos, con el tratamiento capilar a punto de llegar a su fin, con la lista de penalidades que he sufrido, uso de transporte público incluido, con el único alumno erasmus asistente en estado continuo de trance, sentadito en su particular potro de tortura situado en el aula magna de esta, nuestra facultad. Con todos los amigos y enemigos, conocidos y desconocidos, avisados, con acuse de recibo y por medio de burofax y procedimiento administrativo en algunos casos.

Tengo a la avecren rozando el estado catatónico, tras haberme escrito dos discursos de toma de posesión, en el inglés de la corona y en el inglés del amigo del expresidente, con transcripción fonético-fonológica incluida, así como unas frases en el mejor italiano de la toscana y en el mejor romano del vaticano, en un intento de hacerme con los nativos asistentes (mi acento siempre ha sido el de la ribera, y claro eso se nota) después de que la hice empapelar el campus con carteles anunciando lo que iba a ser mi inminente investidura como doctora honoris causa.

Al Pepecar ya convencido de que pasase a pagar el spencer, (o Frac colonial, que ya me imagino que vosotros de etiqueta masculina, res de res….). Un spencer precioso, hecho a medida para la ocasión. Una vez que ya lo tenía convencido de que el spencer de marras le queda mejor que el smoking que se hizo para mi última conferencia, mayormente por que en estos actos no se puede repetir. Pues cuando voy a su mesa a comprobar que se había llevado la visa oro (el saldo de la mastercard está del color del alma de la Pasionaria) descubro la factura detallada de lo que iba a ser la imposición de mi honoris causa.

Y no me refiero a las fiestas y fastos, limusinas y recepciones varias, que esas ya suponía no iban a salir del bolsillo de un grupo de gente que no me conoce (aunque, ¿por qué no?). Sino que descubro la cuantificación en la expedición fraudulenta de un título y un reconocimiento que yo creía obtenido por méritos propios. Mis virtudes quedan perfectamente ponderadas en lo mismo que cuesta un utilitario nuevo, detallando incluso la forma de pago, las variaciones en el precio entre una ceremonia conjunta o individual, un honoris causa, una causa, o un honor. Se podía adquirir en el mismo lote una licenciatura, una diplomatura y un master de posgrado o un curso de especialización (lo bien que le habría venido a aquel director de la guardia civil asiduo a lupanares y consumidor de ropa interior a topos).

Podían incluso certificar mi paso por universidades de las que nunca he oído hablar, con largos periodos de docencia e incluso (y es este uno de los puntos que creo todavía pueden servirme) alterar los datos empíricos sobre las encuestas que se pasan entre los alumnos a fin de curso (única mácula en mi inmaculado expediente como docente de universidad pública). Mientras trataba de unir el rimel de mis pestañas superiores e inferiores (cuando me quedo espantada por algo se me ponen los ojos algo vidriosos, como de loca, y si me miro en un espejo me doy miedo a mí misma). Trate de asimilar así, con los ojos semienmarañados, toda la información que acababa de recibir. Yo no era exdirector de guardia civil, yo ya tenía mi licenciatura, diplomatura, doctorado, experiencia docente…. ¿para que tenía que pagar por algo que ya había conseguido con el sudor de mi propia frente?

Luego pensé en el pobre Pepecar, agobiado por mis constantes presiones a la hora de comparar nuestros salarios y su superior categoría profesional. Y pensando en su pontifical ternura y con tanta enmaraña mental me quede dormida. Tengo que anular rápidamente lo del spencer, pero creo que me pondré el despertador para acudir, en taxi, a la última sesión de mi tratamiento capilar. En este mundo en lo que todo se compra y se vende estoy pensando en ponerme un precio. Tendré que rebajarlo eso si, ahora que ya no voy a ser honoris causa, volveré a calibrar aquello del comité de sabios.

Vale y adios

2 Comentarios »

Comentario por jio

una figurita como santo tomasito no me importaría tenerla, pero ¿una figurita como santa lolita a.? hombre, con la liberación sexual el masoquismo se está poniendo a la orden del día, pero creo que sólo me lo compraría para hacerte un vudu honoris causa y muy ilustrado eso también.
Si, a veces, sólo a veces y de vez en cuando, me apiado del pobre Pepecar.

Posted on Diciembre 21, 2004 at 1:09 pm

Comentario por Jose

Copiota ;)
(a ver si copias ese comentario ;) )

Posted on Diciembre 21, 2004 at 2:02 pm

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