Prueba
Hoy en artista invitad@ tenemos nada menos que a la realeza. Aunque su reino
no sea mayor que un guisante. La
princesa del guisante. Que además recientemente ha estrenado un
reino mejorado.
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En las consultas de los médicos siempre hay una señora gorda
con su marido que abulta la mitad, sentados desde antes de tu llegada. Yo creo
que desde bastante tiempo antes, porque se nota ya una cordialidad rayana en
el compadreo en casi todos los presentes, en este caso más que nunca
pacientes: esperando en un sitio incómodo y pésimamente decorado
(esas tristes láminas, esas figuritas) su turno para que les atienda
médico, y soportando a la señora gorda sin posibilidad de evadirse
leyendo si no han sido previsores y han llevado un libro porque en la mesa sólo
hay revistas atrasadas y periódicos gratuitos.
El marido de la señora gorda viene a ser como un guiñol, porque
además de abultar la mitad no suele hablar, sólo cuando ella le
da pie asiente con la cabeza: «¿verdad?». La señora
gorda primero hace una previsión de turnos en la consulta «¿y
a qué hora dice que tenía usted?», como si estuviesen en
la tienda, seguro que echa de menos que se pregunte quién es el último
para contestar «servidores»; una vez que tiene claras las horas
de las citas de todo el mundo, enuncia en voz alta: entonces nosotros pasamos
primero, después esos señores tan mayores (que igual tienen diez
años menos que ella, pero las cataratas no permiten que el espejo devuelva
su imagen desde hace tiempo, y claro, todo el mundo le parece mayor) y siguen
así asignando turnos a todos los de la consulta como si la enfermera
no fuese a llamar por nombres. Enseguida indaga sobre posibles «conocimientos»
comunes con quien se haya mostrado receptivo «su cara me suena mucho,
¿no vivirá por…?» con una habilidad para los interrogatorios
que ríete de Mata-Hari. De ahí la conversación derivará
a nietos, no tanto hijos, sobre todo nietos, cuántos, casados, solteros,
con o sin hijos, generalmente están todos «muy bien colocados».
Pero donde verdaderamente se crece la señora gorda es en el momento en
que consigue llevar la conversación a las enfermedades y la verdad es
que estando donde está, lo tiene sencillo. Comenzará con algo
como «nosotros estamos aquí por la próstata de éste»,
porque los maridos de las señoras gordas, además de callados,
suelen responder al nombre de éste, dicho así como con un poco
de desprecio, justo el que da saber que no está el pobre como para fugarse
con otra; y curiosamente no parece importarles que expongan sus miserias en
público, aunque sea el público reducido de una consulta. Seguramente
pertenece al tipo que asiste a los programas de Patricia y la máquina
de la verdad. A veces incluso las miserias precisan una larga explicación
de puses, operaciones y hurgamientos varios que irán con todo lujo de
detalles. Luego preguntará por qué están los otros allí
y escuchará mínimamente, pero enseguida irá a lo que importa,
que es lo suyo: «yo sí que estoy mal, entre la tensión,
la fatiga, [aquí n síntomas, según la retentiva de la buena
mujer], pero ya ve, nadie lo diría, por fuera se me ve tan bien…».
Y tan modesta, suelo pensar yo, que soy la que está sentada en el rincón
en silencio.
Comentario por Jose
Caspita…me has descubierto… realmente no soy un tio apolineo, forrao de dinero y sin cerebro. Realmente soy una tia gorda, sebosa y sin cerebro…
Eso justito es lo que me pasa a mi cuando voy al medico.
Posted on Enero 13, 2005 at 12:14 pm
Comentario por PrincesadelGuisante
Jose, snif, entonces ¿no eres el príncipe azul ni nada de eso?
Posted on Enero 14, 2005 at 1:32 am
Comentario por Jose
No, no soy el principe azul que tu soñaste, no no soy el principe azul que tu soñaste…lalalala
Ahora es que esta de moda salir del armario, y yo estaba muy apretada y agobiada
¿o a lo mejor es el refajo?
Posted on Enero 14, 2005 at 9:49 am