Yo y las reseñas
A Pepecar lo tenemos de morros. El sábado es el día de los suplementos literarios. Con todas las idas y venidas de críticos que se sienten censurados, autores que se sienten mal reseñados, escritores-críticos que no saben encajar malas críticas, grupos editoriales que dejan de contar con los añejos servicios de algunos reseñistas-reservistas, cartas al director suscritas por el resto de los críticos, e incluso algún otro escritor que, en aras de mantener la buen amistad con el injustamente criticado, decide dejar de escribir en el suplemento en cuestión, el mundo de la literatura anda muy revuelto.
Tratando de ponerle nombre a todos estos y a algunos más me hallaba, -ahora es mas importante quien firma la reseña que el ejemplar reseñado-, cuando descubro la crítica, excelente por supuesto, del último trabajo del profesor Peñafiel. Mi primer instinto fue arrancar la página, porque yo me conozco a Pepecar y si ve que han publicado una reseña en este suplemento nacional al otro catedrático del departamento (que aparezca el nombre de la catedrática le trae al pairo, pero con el del XIX…..) la cosa se arma, ya el sabado por la mañana que como para la mitad de los españoles es el día de nuestro ejercicio anaeróbico.
Deo gracias, que no siempre sigo mis primeros impulsos, Pepecar suele darse cuenta de que le censuro la prensa, así que decidí seguir otro inteligente método: subrayé (que es lo mismo que taché) con mi maravillosa pluma Mont Black, el nombre real de Peñafiel, luego me di cuenta que en el resto de la reseña volvía a aparecer varias veces, así que volvía a subrayar, después observé que simplemente con el nombre del viajero corresponsal del XIX que se fue a Rusia, mi Pepecar que es muy sagaz, también deduciría de quién se trataba, así que taché y taché y volví a tachar, por último me quedaban los dos secuaces, también del departamento, que le han ayudado en la ingente tarea de leer cartas ajenas, públicas y privadas, así que quedaron dos o tres palabras fuera del manchón continuo que formó mi maravillosa pluma.
Mi Pepecar es un hombre de funciones fijas, y cuando no visita el baño antes de las 10 de la mañana, se baja al bar de la esquina a tomarse un café express. Mas o menos eran las 10 de la mañana la hora en la que yo había terminado mi obra de ocultamiento de la realidad, cuando oí como como se cerraba la puerta. De haberlo sabido me habría ahorrado la ingente cantidad de tinta y Pepecar se habría ahorrado el café express. El pobre no llego a coger el ascensor.
Conclusión: la envidia es más rápida que un café express, y a fecha de hoy todavia le duran los morros, por no hablar del nefasto ejercicio anaeróbico que conmigo realizó.
Comentario por jio
si es que tu pepecar cuando quiere también tiene un genio… (aunque esta vez justificado, ¿no?).
Posted on Enero 25, 2005 at 11:27 am
Comentario por Mr. Monster
¿Ejercicio anaerobico?
No se a que te refieres.
Aclaramelo, please.
Posted on Enero 25, 2005 at 12:40 pm
Comentario por jio
Mr. Monster te contesto yo, y es que a lo tonto esta doctora me ha tomado como un vulgar becario (a veces sinónimo para los demás de críado), perdón por el inciso, porque ella no se “digna” a hablar con “la plebe” (como dice también a veces).
Ejercicio anaeróbico es que gritó tanto que se quedo a gusto por lo menos.
¿No doctora? Espero que mi contestación no suponga ejercitarse luego conmigo.
Supongo Mr. y sino pues yo también estoy confundido con los ejercicios aneróbicos del doctor Pepecar. Más reseña: Pepecar y Lola A. están “felizmente” casados, DEO GRATIAM.
Posted on Enero 25, 2005 at 1:24 pm
Comentario por Jose
Pues si solo realizas ejercicio el sabado y encima es nefasto vas a engordar. Bueno, a veces se engorda tb como consecuencia del ejercicio.
Conclusión: Ya que vas a engordar de todas formas por lo menos que el Special F sea bueno…
Posted on Enero 25, 2005 at 8:05 pm