Cuando la carne sucumbe
Cuando la carne sucumbe
de Victor Flemming
LA
técnica es una cualidad necesaria para un film, como para toda obra de
arte, o para un producto industrial. Pero no hay que creer que esta cualidad
determine la excelencia del film. Hay cualidades en un film que pueden interesar
más que la técnica. Hay que darse cuenta que el espectador no
pierde nunca el tiempo analizando los medios técnicos de un film; casi
siempre sólo pide a la película que le proporcione emociones.
Pero no debería confundirse la «emoción» con la «sensiblería».
Desprovisto de auténtica emoción, el film de V. Fleming es, a
fin de cuentas, un film fracasado. Con técnica excelente, esta película
comparte con muchas otras el privilegio de dirigirse a nuestras glándulas
lacrimógenas mucho más que a nuestra sensibilidad. Se oían
caer las lágrimas sobre el suelo del cine. Todo el mundo descubría
en sí un fondo plañidero ante este espectáculo: Cuando
la carne sucumbe.
¿Por qué no se establece la costumbre de someter los films, antes
de su proyección al público, a un análisis microscópico
muy minucioso? Sería el instrumento más indiciado para el examen
de los films. Si se hubiera hecho así se habría descubierto seguramente
que el cinedrama de Flemming estaba saturado de gérmenes melodramáticos,
totalmente infectado de tifus sentimental mezclado con bacilos románticos
naturalistas.
Creíamos, sin embargo, que nuestra época y su cine se habían
desembarazado totalmente de una epidemia caduca.
Pero hay que ir al veneno por el veneno y al cine por el cine.
(De los Escritos cinematográficos de Luis Buñuel.
Publicado en Cahiers
d´art, n. 10, 1927).