Y aunque hoy no nieve en la calle
Y susurraba algo en su oído.
Palabras, siempre ellas.
Desde la casita en la que vivía, a orillas de la brisa, a veces reía.
Pequeñas ventanas le permiten oír, ver y sentir a sus vecin@s tan
diferentes, a la vez que entretenidos.
Uno tocaba la trompeta y a ratos le acompañaba su orquesta, a través
del viento aterrizaba el estruendo.
El de allá no echaba las cortinas viéndose el chascarrillo y con
sus tentáculos y a la de tres arrastra también sus pies.
Oh, qué horror, un asesinato! pero es que esta casa parece de película
de ensayo.
El viaje de su mirada se detuvo y empezó a pensar. Y canturrea una canción
que soñó desde el corazón y sin definición:
Y mi sueño, nena, sabes que será…
El agua estaba tiernamente tibia.