El caso de las galletas de chocolate

Tibio se agachó, estaba en una situación
de auténtico peligro.
Me agazapé, el condenado iba armado, ¿quién iba a pensar
que un inocente caso que me tomé a broma haría peligrar mi vida?

Tibio se agachó, estaba en una situación
de auténtico peligro.
Me agazapé, el condenado iba armado, ¿quién iba a pensar
que un inocente caso que me tomé a broma haría peligrar mi vida?
Recordaba el extraño caso de las palabras de Emily y su amiga, la diosa rubia.
Pues este no se quedaba atrás. Aún recuerdo la pelea que tuve con Sexi Sensual
Susi a causa del caso.
—Si cariño, me voy al Pirineo unos días. Me han contratado de un pueblecito al que le roban las vacas.
—Mira Tibio, estoy hasta la raja de ti y de tus putas historias. Ahora te lo haces con la rubia puta esa, ¿no?, pues que lo sepas a mi no me vuelves a llamar para follar.
—Claro cariño, me da igual lo que pienses, empiezo a estar hasta la polla de ti. Tu quieres vicio. Lo tienes en tu cuerpo. Yo alimento tu vicio, ¿o qué te crees, que tu sueldo de mierda te llega para lo que te doy yo? Me da igual lo que pienses. Voy a descubrir al «ladrón de vacas» y los granjeros me van a pagar una pasta. Esto funciona así. Soy detective para que te enteres, detective Tibio.
—Lo que eres es que eres muy Suave—. Terminó Susi Sexi.
Fin de conversación y vuelvo a ver mi orujo servido en el chupito hablando con
los lugareños.
Bueno,
bueno, bueno… El caso de hoy era de los sucios. De los que a nadie le interesa
mezclarse.
Una cosa son las infidelidades, otra los robos, otra las drogas, sip, pero ¿y
esto? ¿cómo me lo tomo?
Había recibido una llamada anónima a mi despacho en un día
gris mientras me bebía un lingotazo y me fumaba un fly y escuchaba un
poquito de B.B.King. ¿Qué pasa? Hay que empezar el día
con alegría, y que no se diga que yo no me la trabajo. Divago, como siempre…
A lo que vamos, mi interlocutor al teléfono era una voz masculina que
me indicaba que habría una sustanciosa recompensa si conseguía
demostrar de alguna manera lo ocurrido en un par de facultades universitarias.
Nada más y nada menos que el tráfico de diplomas de títulos
de doctor «honoris causa». Ya ves tú. Me froté las
manos. Chupado, a verme con unos cuantos pánfilos universitarios un par
de preguntas y descubierto el caso.
(más…)
—UuuuUuuuuuaaaAaaah, aiiii….
Lo siento, hoy no hay caso que contar, estoy follando con mi Susi Sexi Sensual.
—¿Más cariño?
—Más, mucho más. Pero Tibio, vamonos del baño que me parece una guarrada—.
—Si, pero así pasamos el rato, ¿más?
—Claro.
Sniffff………
……….—Ale Tibio, pero ahora por lo menos nos vamos a un baño más decente, o al de casa y me chupas otro rato……
Susi sabe darme «eso» sin que se lo pida. Otro día el caso que estoy negociando, pero hoy no molesten más.
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Me había llamado una pijina modelo para que me reuniera con ella y su amiga.
Llegué antes de tiempo, bueno, tomé un refrigerio mientras les
espero. Más tarde descubrí que era la modelo de moda del "actual
software". Su jepeto salía en las marquesinas de los buses. Pues vale.
El problema que me planteaban; ¿y yo qué coño sé?
-Me han robado una historia y quiero que la recupere-. Me dijo la voz de la
morenita al lado de la pedazo de rubia. Es que yo, prácticamente, sólo
tenía ojos para Lian, ¿qué pasa? uno es de carne.
-¿Qué? ¿pero qué me está contando?¿eeeeh
y me habías dicho que te llamabas?-pregunté estupefacto a la timbrosa
voz de la morenita que me exponía el asunto.
-Mira tío Tibio, mi amiga Emily te ha expuesto tu actual caso, recuperar
su cuento, la cifra será la convenida y cómo me vuelvas a mirar
las tetas te comes la gabardina-. Me respondió la rubia.
Era un baile de disfraces en la mansión del rico Avendaño.
Copas, canapes y puros. En la piscina ellas se besaban con amor homosexual para
excitarnos.
Yo, Tibio, estaba de servicio. Dinero fácil por vigilar que no se saliera
de madre la fiesta, como ya le había pasado alguna vez a mi colega de
infancia. Así que nada de sexo. Sólo lo correctamente estipulado.
Bueno, algún tiro con un señor con bigote que me quiso meter mano
mientras me metía su fila preparada ante el espejo. Me parece bien, le
puse las cosas en su sitio antes de sentir el agradable sabor químico.
De pronto…
La
apuesta estaba amañada. Estoy totalmente seguro de ello, a pesar de los
diversos estupefacientes consumidos sé que mis sentidos no me engañaron.
Vi como desfilaba un as de su manga. Le hice contar las cartas. Se negó.
Me jugaba una noche de Sexi Sensual Susi, y no estaba dispuesto a que se acostara
con un cerdo tramposo de mierda, yo quería sus dosis gratis. Esa era
la apuesta. Saqué la artillería, sólo de forma amenazante
mientras controlaba a su puto matón por mi izquierda.
Sonaba un poco de viejo jazz en su lector de mp3. Chick Web la contrató
el primero. Más tarde Ella Fitzgerald con Luis Armstrong crearían magia.
Pero no era la magia lo que me ocupaba la cabeza. Bueno, si. En realidad si.
Quería un poquito de magia en forma de polvo blanco.
Acababa de solucionar un claro caso de cornudez matrimonial. Ella se lo montaba
con el cartero en prácticas. Él con la chavala de la administración
de su oficina. Ella se le adelantó a él contratándome.
Así que le reuní pruebas para quedarse con todo.