Tibio tira para el monte
Recordaba el extra
Contrabandistas
Bueno,
bueno, bueno… El caso de hoy era de los sucios. De los que a nadie le interesa
mezclarse.
Una cosa son las infidelidades, otra los robos, otra las drogas, sip, pero ¿y
esto? ¿cómo me lo tomo?
Había recibido una llamada anónima a mi despacho en un día
gris mientras me bebía un lingotazo y me fumaba un fly y escuchaba un
poquito de B.B.King. ¿Qué pasa? Hay que empezar el día
con alegría, y que no se diga que yo no me la trabajo. Divago, como siempre…
A lo que vamos, mi interlocutor al teléfono era una voz masculina que
me indicaba que habría una sustanciosa recompensa si conseguía
demostrar de alguna manera lo ocurrido en un par de facultades universitarias.
Nada más y nada menos que el tráfico de diplomas de títulos
de doctor «honoris causa». Ya ves tú. Me froté las
manos. Chupado, a verme con unos cuantos pánfilos universitarios un par
de preguntas y descubierto el caso.
Ladr
![]()
Me había llamado una pijina modelo para que me reuniera con ella y su amiga.
Llegué antes de tiempo, bueno, tom
Uno muy sencillito.
Era un baile de disfraces en la mansión del rico Avendaño.
Copas, canapes y puros. En la piscina ellas se besaban con amor homosexual para
excitarnos.
Yo, Tibio, estaba de servicio. Dinero fácil por vigilar que no se saliera
de madre la fiesta, como ya le había pasado alguna vez a mi colega de
infancia. Así que nada de sexo. Sólo lo correctamente estipulado.
Bueno, algún tiro con un señor con bigote que me quiso meter mano
mientras me metía su fila preparada ante el espejo. Me parece bien, le
puse las cosas en su sitio antes de sentir el agradable sabor químico.
De pronto…
Una partidita.
La
apuesta estaba amañada. Estoy totalmente seguro de ello, a pesar de los
diversos estupefacientes consumidos sé que mis sentidos no me engañaron.
Vi como desfilaba un as de su manga. Le hice contar las cartas. Se negó.
Me jugaba una noche de Sexi Sensual Susi, y no estaba dispuesto a que se acostara
con un cerdo tramposo de mierda, yo quería sus dosis gratis. Esa era
la apuesta. Saqué la artillería, sólo de forma amenazante
mientras controlaba a su puto matón por mi izquierda.