campaña unicef 40.000 españoles, más o menos, cuando viajan, lo hacen con la idea principal o exclusiva de pagar poco por tener sexo sin importarles que la persona con quien lo tengan prestará el «servicio» obligada, forzada por las circunstancias en las que ha nacido y por el proxeneta aislado o por la red de prostitución que ha salido a su encuentro, comprándola a sus padres o recogiéndola del abandono para instalarla definitivamente en la explotación.

40.000 españoles aquí claman por sus derechos laborales y sociales, alguno se manifestará por causas nobles, algunos habrán apoyado la «liberación» del pueblo iraquí y otros se habrán manifestado contra la guerra, pero cuando aterrizan en paraísos lejanos no tienen pudor en ayudar a convertirlos en verdaderos infiernos para los niños a los que ponen precio.

¿Cómo se puede seguir siendo niño sabiendo que cada día compran un trozo de ti a cambio de un triste y vergonzante orgasmo?

40.000 alimañas.