El champán
El champán tiene de bueno que suple la falta de imaginación para celebrar las cosas. Y a veces es necesario, sobre todo cuando llega algo que has estado esperando mucho tiempo o que has deseado que ocurriese con todas tus fuerzas; la realidad suele ser menos espectacular que la imaginación, o nos encuentra cansados de la espera. Asà que cuando nos ocurre algo bueno, somos como un ciclista al ganar una etapa, como Schumacher casi cualquier dÃa de su vida. Alguien nos ofrece champán y reaccionamos con la misma fingida alegrÃa que las pilinguis de las obras de Paso o las protagonistas de Alonso Millán.
Claro que ya no toma champán casi nadie, ahora se bebe cava, o espumoso de Castilla y León (cachán o algo asà lo llamaron una temporada), y sólo en ocasiones especiales, champagne.
Hoy me apetece brindar, y hasta aguantaré la manÃa de chocar tooooooodas las copas; por lo que no paso es por lo de entrelazar los bracitos, aunque creo que es peor esto ¿o no?
Aunque sea de un modo menos espectacular, venga, un brindis, por vosotros ;))










