je ne suis pas monsieur Proust
no, no me he convertido de repente en Proust, no estoy a la recherche, pero me ha ocurrido con los rotuladores del comentario anterior lo que a él con sus magdalenas; tampoco es que yo sea el protagonista de «el perfume», pero lo cierto es que aborrezco el olor a manzanilla (aunque esté bien me pone enferma) porque en mi casa sólo se tomaba cuando uno tenÃa mal el estómago, y en cambio me encanta el olor de algunas cremas porque llevan lirios en su composición, com la leche de Vichy que utilizaba mi abuela cada dÃa al desmaquillarse.
Me gusta el olor del clavo, de la albahaca, del orégano y muy especialmente el de la nuez moscada, que es a lo que olÃa la despensa antes de que se envasase todo en tarritos herméticos, o el olor del aire después de la tormenta, cuando por fin deja de doler la cabeza (esto tiene una explicación cientÃfica del ozono, el oxÃgeno y tal :P).
Y recuerdo bien el olor a plástico de las muñecas nuevas, el dÃa de Reyes, el del cumpleaños o en fin de curso, un olor penetrante, reconcentrado, o el de los libros nuevos, aún sigue siendo emocionante empezar un libro que nunca nadie ha tocado antes, y siempre cabe la posibilidad de encontrarte una historia tan bien escrita que hasta den ganas de leer párrafos en voz alta.
Claro que ahora que todo se va sofisticando, se puede acomodar el aroma al signo zodiacal, aunque no sé yo si lo de embadurnarme de miel va a ser muy erótico o más bien va a tirar a pringoso, que una cosa es ella, y otra yo. Y cuando esto esté extendido, no quiero ni pensar las orgÃas de messenger que se van a montar. (Venga, vosotros tampoco lo penséis, no seáis asÃ)









