Hace 35 años hoy que el hombre pisó la luna por primera vez, retransmitido al mundo, con nuestros padres sentados en casa delante del televisor asistiendo atónitos a los pasos vacilantes de Armstrong y Aldrin, pensando probablemente que no había meta que el hombre no pudiera conseguir. Seguramente entonces perdió parte de su encanto, de su misterio, casi siempre lo que se obtiene suele dejar de ser objeto de deseo.

Quizá entonces algunas voces comenzaron ya a cuestionarse la veracidad del hecho, no lo sé, de lo que sí estoy convencida es de que quien tenga edad para ello recordará qué hacía el 20 de julio del año 69.

Pero seguro que hoy es un buen día para buscar en los libros de la infancia, y releer.
O para cantar.
O para esperar a mi adorada luna de agosto.