sino más bien tirando a vaca… decía una vieja canción de «La Trinca», cuando los que cantaban eran ellos, y no habían descubierto aún que es mucho más lucrativo y menos cansado hacer cantar a otros mientras una estricta gobernanta les enseña como triunfar en la música. Y aunque han pasado unos veinte años, parece que al fin un estudio ha venido a darles la razón. Por lo visto el que no nos gusten los gordos, o todos queramos estar más o menos delgados, al final encubre una especie de clasismo que nos ha llevado a asociar gordura con pobreza y mala alimentación, sobre todo en Estados Unidos.
Creo que fue Wallis Simpson quien dijo que «nunca se es lo suficientemente rica, ni se está lo suficientemente delgada», y desde luego a ella su delgadez le sirvió para enamorar al mismísimo rey de Inglaterra.

A ver si con un poco de suerte, encontramos el justo medio entre todo desbordándose y los huesos viéndose a través de la piel, y ahí nos quedamos.

Mientras, el icono veraniego por excelencia sigue igual de delgado, luciendo esternón en su tradicional posado en bikini, haciendo posturitas inverosímiles en una señora de su edad. Aunque tampoco hace daño a nadie, ella parece feliz, y nosotros podemos reírnos un ratito; incluso imitar las posturas, voy a ponerme a ello.