Me gusta cantar
y canto mal, fatal, era la pesadilla de mi profesora de solfeo, pero me gusta cantar, así que en la ducha, o en el coche, me desgañito. Dudaba confesarlo aquí por dos motivos: el primero, que esto va a terminar siendo demasiado personal para mis propósitos iniciales; el segundo, que es dar pistas al enemigo. Pero el segundo motivo lo he descartado al comprobar que soy una proscrita en google, supongo que eso evitará que cualquier día aparezca tras la mampara de mi bañera un señor de la S.G.A.E. a cobrar los derechos de autor de Santiago Auserón o de Calamaro mientras me frota la espalda. Aún sin salir en google puede presentarse, quizá la SGAE decida crear patrullas de investigadores de cánticos en patios de vecinos en su cruzada «ni un céntimo perdido».
Me cuentan que desde hace unos años, cada vez que hay partido en Mestalla, una banda de la Comunidad Valenciana es invitada por el Valencia para tocar el himno, amenizar antes y durante el descanso del partido, animar al equipo… Son bandas como digo de allí, de los pueblos de Valencia, acuden por invitación del club de fútbol y no cobran, aunque sí les pagan el desplazamiento y entran gratis al estadio el día que tocan.
Debería haber redactado en pasado, porque gracias a esos corsarios modernos llamados SGAE, las bandas de la comunidad van a dejar de tener ocasión de lucirse en los partidos. Cada vez que una banda salga y toque el himno del Valencia, Paquito Chocolatero, o Suspiros de España, los bolsillos de ramoncín, teddy bautista y otros seres por el estilo sonarán como las máquinas tragaperras. Ellos, que no representan a nadie, o lo hacen en la misma proporción que una asociación de vecinos, actúan de hecho como si fuesen Hacienda recaudando, haciendo estimaciones de lo que cuesta o no llevar las bandas a tocar y reclamando una cantidad no por justa, sino por pequeña. Si no son lo peor, se acercan mucho.
Y ramoncín, ahora mismo estoy cantando «Como un susurro», ven a por tu euro de derechos de autor ![]()


Desde hace unos años algunos restaurantes de por aquí utilizan unas infernales 







