El octavo mes del calendario romano, aunque ahora lo tengamos en décima posición, es un mes curioso. Cuando el Papa Gregorio XIII impuso el nuevo calendario en 1582 se suprimieron los diez días que iban desde el jueves 4 al viernes 15 del mes de octubre de 1582 por lo que ese año sólo tuvo 355 días. España reformó el calendario el mismo día que Roma, y Santa Teresa de Jesús, que murió el día 4 de octubre de 1582, no fue enterrada hasta el día 15 de ese mes.
Aquí el mes se iniciaba con el «día del caudillo», recordando que el 1 de octubre del 36 se le eligió Jefe de la Junta Militar, mientras en otros sitios octubre era rojo, aunque nosotros hayamos terminado conociendo sólo la caza y yo deba a esta película y a Alec Baldwin mi fijación por los suéteres de cuello alto para hombre.
Pero aparte de esto, en mi casa es el «mes de las consecuencias». Quiero decir, el mes en el que uno ve las consecuencias del frío que hace aquí en enero. Que entre los bajo cero, las heladas, las cencelladas, las nieblas que nos dan el Pisuerga y la Esgueva, en enero en mi familia, desde los tiempos de mis bisabuelos, debía ser tradicional meterse en la cama a quitarse el frío en compañía, cada uno como mejor podía, y se ve también que coincidían en la forma.
Así que ahora empezamos una orgía de cumpleaños, que tiemble la tarjeta.