Ensalada de balas
No querrÃa estar en la piel de los cocineros vascos acusados por un etarra miserable (sé que es una redundancia, pero a veces me gusta) en ningún caso. Si es mentira lo que se les imputa, porque tiene tantos rasgos de verosimilitud, no sólo en el caso de los cocineros, que no van a terminar de convencer a nadie. Si es verdad, en el caso de que sean extorsionados y no simpatizantes generosos, porque aunque comprenda los estados de necesidad, de miedo insuperable, a ver como se vive con los muertos que han contribuido a asesinar. O quizá no se lo plantee ninguno de los que paga. Aunque al menos ellos sà han tenido el respaldo y la solidaridad de algún colectivo que calla como un muerto cuando hay vÃctimas, está claro que para estos mesoneros reconvertidos en restauradores (es que cada vez que lo oigo me los imagino con el pincel y el pan de oro en la mano) el derecho a la presunción de inocencia merece mucha más defensa y movilización que el derecho a la vida. De todas formas, no parece que deban temer por sus negocios, ellos pueden seguir haciendo crema templada de patatitas nuevas de la huerta del tÃo Iñaki matizada con canónigos frescos recogidos con el primer rocÃo servida con daditos irregulares asustados en aceite virgen mientras los demás seguimos comiendo puré con currusquitos. Con o sin perejil.









