Un artículo de Carmen en su bitácora me ha hecho recordar los primeros ordenadores que aparecieron por casa. Parece que hace mil años del spectrum, con el que sólo jugaba a cosas como misión imposible, o a disparar a tres puertas por las que asomaban aleatoriamente bandidos o sheriff. Luego ya vino un 386, con un disco que no sé si llegaba a 40 megas (menos que cualquier pen drive de los que tenemos ahora), parece imposible que cupiese ahí un S.O. y además funcionasen los programas, pero en realidad el ordenador era poco más que una máquina de escribir en la que además se podía jugar, aunque nos pareciese una máquina de la NASA, poco menos. Primero no teníamos windows, luego había que entrar a él desde MS-DOS marcando «win», después ya el ordenador nos daba la opción al arrancar de entrar en uno o en otro, y finalmente perdimos el MS-DOS por el emulador ese que trae windows. Y ahora cada vez con más frecuencia me planteo abandonar windows por otro sistema operativo como he abandonado el iexplorer en favor del firefox. La pantalla en color me enganchó brevemente al tetris, y mucho más al wolf, lo jugué tantas veces que al final el reto no era que no me matasen, sino conseguir el 100% de muertos (eran malos), tesoros y puertas secretas; claro que después de ese pasado «salvaje» de matanazis me he serenado y ahora ejerzo de voyeur de los sims2 mientras les pongo a hacer ñiqui-ñiqui (no me he vuelto mema de repente, no más quiero decir, es que en el juego llaman así al ayuntamiento carnal), porque en anteriores versiones ya podían tener bebés y mascotas, lo de follar sin consecuencias es nuevo de esta versión.
Como cuando pasamos del módem velocidad tortuga reumática al adsl, si las páginas aparecían en un pantallazo… claro que como a lo bueno se acostumbra uno enseguida, la sensación no sé si duró una semana, eso sí, la primera tarde dejamos el napster o el audiogalaxy, no recuerdo cual, exhausto. Y ahora descuento los días que faltan para que me doblen la velocidad. Pues eso, que parece que hace mil años, y en realidad puede que haga ya demasiados.