Por más que me esfuerzo no veo nada indigno en que unas señoritas muy monas y escuetamente vestidas empiecen un trotecillo cochinero tras unas pelotitas cada vez que dan contra una red o algo así. No más al menos que otras señoritas que sacan bolitas de unos bombos y, como si fuesen Supercoco, nos dicen qué número pone mientras enseñan pantorrilla y guiñan un ojo a la cámara; y menos mal que ya no pasean por delante de la mesa donde estaba sentado el ciego de la organización, que cuando el pobre seguía con los ojos el ruido de los pasos, la mirada le quedaba justo a la altura del trasero de la chica de turno, claro que sin intención.
No es que a mí la profesión de azafata o modelo me parezca muy atractiva, la verdad, en general creo que no me lo parece ninguna que te obligue a poner buena cara permanentemente, y si me gustase exhibirme, preferiría andar a gatas por la barra de un bar enfundada en un vestido ajustado en una noche loca a hacer de florero multifunción, pero cada uno que se gane la vida como pueda o quiera. A los únicos que entiendo en toda la polémica de las pelotas (de tenis,claro) es a los niños (no a sus padres) que se han quedado este año sin recogerlas, entiendo que si ellos practican ese deporte les haga ilusión ejercer esa función, estar al lado de los deportistas, vivir el ambiente, etc. Pero a nadie más. Y desde luego no pensé nunca que a nuestro talantoso gobierno le pareciese mal la medida, no van a acusar de intrusismo a las modelos ¿verdad? Para una pobre chica que solo es mona es difícil alcanzar un sitio en el Vogue, tiene que ser lista por lo menos como una ministra de vivienda. Sí, ya sé, visto desde fuera el listón parece bajo, pero algún mérito tendrá Trujillo, no va a ser ministra sólo por ser mujer, eso sí sería sexismo y ya hemos quedado en que el gobierno se queja (incluso puede que actúe, que para eso es el ejecutivo) cuando lo detecta.
Claro que la solución a la polémica la hubieran tenido bien sencillita los organizadores del abierto: contratar modelos, además de modelas.