He decidido empezar una cruzada contra el mal gusto (sí, desde mi punto de vista, como todo el mundo), y lógicamente hay que comenzar por algún lado especialmente feo; dejando de lado enanos de jardín, perros de porcelana, tapetes de ganchillo y otras muestras de la decoración de las casas de las madres de las películas de Almodóvar (y algún amigo mío tiene pendiente para su casa nueva un bonito porta-rollos para papel higiénico de ganchillo que van a tejer estas manitas en cuanto aprenda como demonios se hace en redondo), voy a centrarme en prendas de vestir de uso común, en concreto, en los calcetines.
Los calcetines merecerían haber sido inventados por la Iglesia Católica en su lucha contra la lujuria, pero no voy a comportarme como una progre de salón echándole la culpa de todo a la Iglesia, y además no me consta que los haya inventado ella ni nadie próximo a ella, así que corramos caritativamente un tupido velo sobre el que perpetró el invento, y centrémonos en evitar que nos invada las retinas. Luchemos con todas nuestras fuerzas. ¡¡¡A las barricadas!!! (lo siento, tenía ganas de decirlo alguna vez, y qué mejor momento : P)

Ante todo: si uno es hombre, no tiene más remedio que llevarlos. Es así salvo que quiera sudar los zapatos o deportivas por dentro y eso no es buen ni mal gusto, es una guarrería. Bien, asumámoslo, hasta el hombre más estupendo lleva unos calcetines en su interior salvo que haya hecho esto, incluso puede que sean cortos (que esos deberían estar prohibidos por ley, directamente) y al cruzar las piernas enseñe un vergonzante trozo de carne, snif. Pero una vez asumido, tengamos claro que no hay razón alguna para exhibirse en calcetines (bueno, puede haber una, que sea una de esas perversiones que excitan, cada uno es cada uno, en ese caso está tan permitido como cualquier cosa de dominación/sumisión), ni en la pajaresca combinación calcetines-calzoncillo (agravándolo si encima es slip). Por tanto, el orden no lógico pero sí de buen gusto para desnudarse frente a alguien es: zapatos, calcetines, y luego el resto. Aunque en teoría esto es sólo imprescindible cuando uno se desnuda con otra u otras personas mirando, conviene practicar a solas y hacerlo siempre, para que luego salga con naturalidad, no sea que con estar pendientes de meter tripa y la emoción del momento se olvide. Interiorizar para realizar, así debe ser.

Lo de las mujeres es distinto: unos calcetines o unas medias bajo el pantalón pueden solucionarse del mismo modo expuesto, pero lo de los pantis sólo tiene una palabra para definirlo: tragedia. ¿Cómo puede una quitarse airosamente unos pantis? ¿A que en las pelis sólo llevan medias con liguero? Nadie puede ser sexi quitándose una prenda que mientras la quitas de un lado se va estirando porque está enganchada en el otro. Y es peor si te los quitan, es como cuando te ayudaban a quitarte el uniforme de pequeña, cuando había que llevar leotardos, terrible. Los pantis sólo tienen una solución: tirarlos a la basura (sería más dramático quemarlos, y después de haber llamado a las barricadas creo que incluso procedería hacer una hoguera pública con ellos, pero seguro que huelen mal al arder, mejor deshacernos de la infamante prenda discretamente) y sustituirlos por unas medias con o sin liguero y jamás de ese tono inventado por algún demonio que se ha dado en llamar «color carne». No es cómodo, de acuerdo, pero es de buen gusto, que como a estas alturas de blog habrá quedado claro, es el que coincide con el mío. Respetando los fetichismos, claro.
He dicho.