es una luna de Saturno, descubierta por el físico, matemático y astrónomo holandés Christiaan Huygens en 1655, al apuntar hacia ese planeta su telescopio refractor de 12 pulgadas, cuyas lentes había pulido él mismo. Ahora disponemos de las primeras fotografías cercanas gracias a la misión espacial que lleva a cabo la sonda Cassini, bautizada así en honor al astrónomo francés de origen italiano que fue el primer director del Observatorio de París. Descubrió cuatro satélites de Saturno: Jápeto, Rea, Tetis y Dione, así como la división entre los anillos de este planeta.
Huygens bautizó a esta luna de Saturno (el Cronos griego) con ese nombre no sólo por su gran tamaño, sino porque en la mitología griega, los Titanes (hombres y mujeres) eran los hijos de Urano (Cielo, engendrado por Gea sola) y Gea (Tierra) y por tanto formaban parte de la generación de dioses que precedieron a los del Olimpo (los hijos de Cronos y Rea). Gea con su hijo Urano concibió no sólo a los Titanes: Océano, Ceo, Crío, Hiperión, Jápeto, Tía, Rea, Temis (que con Zeus concibió a las Parcas posteriormente), Mnémosine (que tuvo después con Zeus a las musas), Febe, Tetis (no la madre de Aquiles, que era una nereida de igual nombre; esta Tetis con su hermano Océano tuvo a Metis, madre de Atenea con Zeus.) y Cronos; alumbró también a los Cíclopes (Brontes, Estéropes y Arges), a los Hecatonquiros (Croto, Briareo y Giges), a las Erinias, a los Gigantes, a otros Titanes y a las ninfas Melíades. También eran Titanes algunos de sus hijos, como Atlante, Prometeo, Epimeteo o Helios (el Sol).
'La derrota de los titanes' de JordaensLos Titanes y los Olímpicos (hijos de Cronos y Rea) entraron en conflicto, aunque algunos Titanes y los Cíclopes apoyaron a Zeus y otros como Océano o Helios, y las Titánides, permanecieron imparciales, como narra Hesíodo en su Teogonía al describir la terrible batalla que les enfrentó. Después de diez años de lucha, Zeus ganó, y dio paso a la tercera generación de dioses griegos, gracias a los Hecatonquiros, y los Titanes vencidos fueron precipitados al Tártaro, excepto Atlante, que tuvo el castigo de sostener el mundo, tarea de la que le relevó por breves instantes Hércules cuando tuvo que llevar manzanas del jardín de las Hespérides a Euristeo para cumplir uno de los trabajos. Pero esta es otra historia ya.