Entradas archivadas en Octubre dEurope/Berlin 2004

Miércoles, 13 de Octubre de 2004

Langdon miró asombrado. Uno de los tres paracaidistas, una mujer obesa, se acercó a la ventana. Las corrientes de aire la abofeteaban, pero sonrió y enseñó a Langdon los dos pulgares alzados. Langdon forzó una sonrisa y le devolvió el gesto, mientras se preguntaba si la mujer sabía que era el antiguo símbolo fálico de la virilidad masculina.

Este párrafo pertenece al último libro para consumo masivo de ese estratega del marketing (no me gusta, pero nadie usa ya mercadotecnia) que es Dan Brown, aunque de momento no tengo ni la más mínima intención de leer su presunto pastiche, ya tuve bastante con el sobrevalorado Código, y de literatura basura y no basura sobre órdenes secretas, órdenes discretas, herejías variadas y demás historias ya he leído suficiente, creo, que en casa teníamos una nutrida bibliografía sobre cátaros, agotes, merovingios, iluminados, masones, rosacruces, templarios y un sinnúmero de variantes como para que ya no me produzca ni curiosidad ver por donde salen ahora. Pero el párrafo me lo ha puesto delante alguien que me conoce bien, porque sabía que me iba a llamar la atención.
Príapo en PompeyaLa primera vez que yo oí hablar de símbolos fálicos fue al leer «El abogado del diablo», donde Morris West contaba como en algunas zonas del sur de Italia aún se veían, para disgusto de la Iglesia católica, unas piedras pulidas por el roce de miles de manos femeninas durante generaciones, campesinas que no querían ser Yerma y que quizá sin saberlo, repetían ritos paganos honrando a Príapo.
Príapo era hijo de Dionisio y Afrodita, que le abandonó por feo y deforme al nacer, y representaba el vigor generador con una simbología nada sutil: estaba dotado de un enorme falo. Como en estas cuestiones, por mucho que digamos, al final el tamaño sí importa, nadie quería dejarse poseer por él; intentó violar a la ninfa Lotis pero ella, horrorizada por las dimensiones supongo, pidió ayuda a los dioses y éstos, tan diligentes como puñeteros, la metamorfosearon en loto. Como Príapo no podía mantener relaciones (una suerte de impotentia coeundi infrecuente) se consideraba que había sido el inventor de la masturbación, que sigue siendo uno de los tabúes de nuestra cultura, hasta su posible etimología da escalofríos: la palabra quizá provenga según me contaron una vez del vocablo latino manus stuprare, algo así como cometer estupro contra uno mismo utilizando las manos. Nada qué ver con el onanismo, aunque a veces se confunde, porque el pecado de Onán fue eyacular fuera de la vagina de su cuñada, derramándose en la tierra el semen.
Pero me disperso, íbamos a lo de los símbolos fálicos. Resulta que según a quien escuches, nos influyen muchísimo y además estamos rodeados de ellos, y en este momento me parezco sospechosa por preferir el boli al teclado.

Lunes, 11 de Octubre de 2004

«Odia el delito y compadece al delincuente» Todos alguna vez hemos escuchado esta máxima de Concepción Arenal, y desde luego el sistema penal español es posible que odie al delito, pero lo que es un hecho es que compadece al delincuente. La lástima es que se ha olvidado completamente de la víctima.
Es cierto que el artículo 25.2 de la Constitución (en la Sección primera del Título Segundo, además, lo cual le otorga una especial tutela de acuerdo con el art. 53.2) establece que las penas privativas de libertad estarán orientadas a la reeducación y reinserción social, y en el mismo sentido se pronuncian normas internacionales que forman parte de nuestro ordenamiento, pero es evidente (al menos para mí) que el espíritu de esas normas es que el penado se reinserte en la sociedad en condiciones de no volver a delinquir, de no dañarla, ni a ella en general ni a ninguno de sus miembros en particular.
Cada vez que un preso comete un delito durante un permiso penitenciario se alzan voces pidiendo el cumplimiento íntegro de las condenas. No creo que ésta sea la solución. Si se establece que el condenado puede, razonablemente, volver a cometer al término de su pena un delito similar al que ya cometió, la sociedad vuelve a estar en franca indefensión, sobre todo si hablamos de delitos contra la vida y/o contra la integridad física, incluyendo en estos últimos las agresiones sexuales.
Centrémonos en las violaciones. Si el porcentaje de arrepentimiento es bajo, si la reincidencia es alta (cualquier fuente la cifra en más del 40%), si las terapias no curan, a lo sumo mejoran… ¿es necesario poner en peligro vidas? Desde luego una violación no es un asesinato, pero es el típico delito que lleva en progresión a una parte significativa de sus autores, casi todos los violadores-asesinos han comenzando siendo sólo (nada menos) violadores.
Acabamos de contemplar la muerte de dos mujeres en Hospitalet a manos de alguien que delinquía cada vez que salía de prisión, con un historial tremendo. Las medidas de control sobre su conducta (y sobre las de otros) se revelan ineficaces, pero al final, quien termina pagando el error no es ni quien las estableció, ni la junta de tratamiento y el Juez de Vigilancia Penitenciaria que las aplican, sino alguien que tiene la mala suerte de cruzarse en su camino; y esta vez han pagado con su vida.
No es el único caso. En 1992 había en Castilla y León un Juez de Vigilancia Penitenciaria que otorgó un permiso a un preso que cumplía una condena por agresión sexual pese a la opinión en contra de la psicóloga, el educador y la dirección de la prisión. De esta decisión la única perjudicada fue la niña de nueve años Olga Sangrador, secuestrada, violada, asesinada y encontrada dos días después en un pinar de Tudela de Duero; sigue enterrada en su tumba. Juan Manuel Valentín Tejero, el preso que cometió este delito, fue condenado a 20 años por el rapto y violación, y a 30 por el asesinato; cumplirá únicamente 20 de los 50 años impuestos porque se beneficia de la reforma del Código Penal, por lo que abandonará definitivamente la cárcel en 2013, con 51 años de edad, y este año la juez de Vigilancia Penitenciaria de Ciudad Real, Mercedes Pérez Barrios, contra el criterio del fiscal, ha concedido el segundo grado penitenciario a Valentín Tejero (que por motivos de seguridad figura en la prisión de Herrera de la Mancha bajo el nombre de Benedicto Rila Torres); esta situación permite la obtención de permisos de salida de prisión, aunque éstos no se concedan de forma automática. Y el último actor del drama, Ignacio Sánchez Yllera, sigue medrando a sus anchas, ahora es jefe de gabinete de Mª Teresa Fernández de la Vega, y letrado (iletrado) del Tribunal Constitucional; cada 25 de junio recibe la llamada de la madre de Olga Sangrador y algunos años, como éste, cuelga el teléfono cuando reconoce su voz.

Que la doctrina discuta si prevención o retribución de las penas, que Gimbernat siga clamando por la humanización, está bien, yo no reniego de ella, yo lo que quiero es no cruzarme con una alimaña una vez que hemos establecido, con todas las garantías por supuesto, que es una alimaña y que no va a dejar de serlo nunca. Por eso no quiero que cumplan íntegramente las penas, quiero que se reforme la pena de modo que posibilite apartarles para siempre de la sociedad, una vez que han demostrado que no pueden vivir en ella. Y la humanización de las penas no puede hacerse a costa de la vida (ya no digo seguridad, para no entrar de nuevo en la cansina dialéctica libertad-seguridad) de los ciudadanos.

Sábado, 9 de Octubre de 2004

Hace mucho tiempo, creo que en «Las Ninfas» pero no puedo asegurarlo ahora mismo, leí a Umbral agradecer que las mujeres hubiesen comenzado a fumar porque el hábito de levantarse a tomar un cigarrillo de sus bolsos le permitía observar las evoluciones de sus cuerpos desnudos sin la urgencia del deseo, con la naturalidad que otorga haber satisfecho una necesidad y estar en camino de disfrutar de un vicio.
Hoy podría seguir escribiéndolo porque los guardianes de nuestra salud saben que leemos muy poco, y en cambio, vamos mucho al cine o nos mete la televisión el cine en casa, así que las acciones van encaminadas a conseguir erradicar el tabaco de las películas, o al menos que los menores no lo vean, ya que no pueden hacerlo de la vida (o sí, pero le saldría caro al Estado).
Sharon Stone, Instinto básicoYo tengo la impresión desde hace tiempo de que en las películas ya sólo fuman los malos, hasta el punto de que en alguna, si el villano no aparece claramente definido, en el momento en que enciende un cigarrillo despeja la incógnita. No sé, quizá si para entonces no hubiese fumado es posible que ver lo deseable que resultaba Catherine Tramell en el interrogatorio me hubiera inducido a hacerlo, aunque sinceramente, ya puestos, no la hubiese emulado sólo en lo del tabaco, que por aquel tiempo había leído ya la «Historia de O».
En fin, que se estrecha el cerco. Luego criticaremos a los yankis.

Jueves, 7 de Octubre de 2004

En mi tierra se dice que nuestro clima es nueve meses de invierno y tres de infierno, pero algunos años, como éste, sí tenemos un verdadero otoño; fresquito, eso sí, pero sin el frío helador del invierno todavía. Ha llegado por tanto el otoño y desaparece la vegetación que hizo brotar la primavera, decían los antiguos griegos que era porque Koré volvía con Hades al mundo subterráneo, a los Infiernos, donde están las sombras de los muertos, convirtiéndose en Perséfone.
el rapto de Proserpina, RubensKoré era hija de Zeus y Démeter, y como su madre, diosa del trigo y de la fertilidad del suelo; se había criado oculta en Sicilia, pero Hades la quería para él, y su hermano Zeus había accedido a espaldas de Démeter. Así, mientras Koré recogía flores un día con sus compañeras, Zeus hizo brotar un narciso azul en un lugar apartado y cuando ella se acercó a cortarlo, la tierra se abrió; surgió Hades con su carro y sus caballos de color azul oscuro y sin que nadie pudiese intervenir ni impedirlo, Koré fue raptada y convertida en Perséfone, reina del mundo subterráneo.
Empezó entonces una peregrinación Démeter en busca de su hija, hasta que Helio le informó de quién era el raptor; la diosa montó en cólera, se retiró a su templo y la tierra fue asolada por la sequía. Como Zeus quería evitar que los humanos muriesen de hambre, tuvo que negociar con Démeter, que por supuesto exigió la devolución de su hija. Esta exigencia fue aceptada, pero con la condición de que Perséfone no hubiese comido ni bebido nada en el mundo subterráneo. Al encontrarse madre e hija en Eleusis, Démeter le preguntó si había comido algo, y ella dijo que no, pero Ascálafo había visto como, vencida por la sed, había tomado unos granos de una granada para refrescarse, y Perséfone tuvo que reconocerlo. Zeus, entonces, tuvo que encontrar una solución intermedia: una parte del año, viviría en la tierra y la otra parte la pasaría con Hades siendo la reina de los Infiernos.
Koré es la vegetación que produce la tierra (Démeter) y en otoño vuelve al interior arrastrada por Hades, convirtiéndose en Perséfone. Como el Satanás de Milton, pero sin elegirlo.

Martes, 5 de Octubre de 2004

Ya he dicho en alguna ocasión que a mí lo que de verdad me gusta en el mundo es el puntito canalla, que es, para que nos entendamos, justo lo contrario a ser blandito. Especialmente con cantantes y con escritores (a este tipo de cosas me refiero, que esto no es un manual de uso y disfrute de la pedelgé), sobre todo con estos últimos si no son de los que aburren con su presencia en los medios opinando de todo o de casi todo (excepto Sánchez Dragó, que me gusta desde que veía las corridas de Ordóñez en Eldorado y ni siquiera su charla incesante, por mucho que se esfuerce, puede impedirlo).

Me desarma quien es capaz de pensar en Éluard cuando me ve tendida, tanto como me gusta desarmar poniendo cara de pena; quien al verme sea capaz de decir que peor para el sol o de desear cerrarme los ojos cada noche y prometerme un cigarro sin preocuparse de mi salud, aunque entiendo que prefiera que esté buena.
Me gustaba Santiago Auserón, que era capaz de «pedirme» que me subiese a un árbol, rompiese mis medias y llorase en un rincón mientras juraba no tocarme aunque nunca me hubiese visto bailar con pegatinas en el culo, que no tenía yo edad entonces de andar abrazada a un novio impasible, ni suavemente ni de ninguna otra forma.

Viendo lo que me gustaba Radio Futura, entenderéis que estuviese yo pensando en saltarme mi boicot a los caraduras de la SGAE cuando he visto la gente que participa en el disco-homenaje que les han hecho; estoy encantada (mis vecinos no tanto, sospecho) con la versión que hace Calamaro de «veneno en la piel», pero hay otras que a priori (no las he escuchado) me dan cierta aprensión. De Álex Ubago no digo nada, porque realmente le va muy bien cantar «soy metaaaalicoooo», aunque más que metálico yo hubiese puesto plomizo, en el jardín botánico o en el zoo, pero… ¿qué pintan «las niñas» cantando «corazón de tiza»? A ver si cuando las escuche me van a volver los instintos homicidas que tuve cuando un día sin previo aviso ni anestesia escuché a Enrique Iglesias ¿cantar? «un día cualquiera no sabes qué hora es…» (aunque creo que de haberlos seguido, cualquier tribunal hubiese admitido la atenuante de obrar en estado de arrebato, viendo el estímulo) Claro que también cantan esa canción en esa serie que protagoniza ese hombre (no puedo poner actor) que de tanto recomendar bífidus sólo sabe poner cara «de normal» y cara de estreñido. Verdaderamente hay cosas que es mejor no menearlas.


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