Archivo de Noviembre de 2004

El cuarto poder

Hace unos días emitieron en un programa por la noche un reportaje de cámara oculta, «periodismo de investigación» lo llaman, sobre la prostitución de lujo en España. No lo vi, pero trozos salpicados a lo largo de la semana sí he tenido oportunidad de ver, ilustrando los clamores de periodistas de los llamados «del corazón» sobre la valía de su trabajo en general, representantes del «cuarto poder» (aunque Alfonso Guerra intentase enterrar a Montesquieu, existen los otros tres). Supongo que los autores del trabajo se sienten Woodward y Bernstein aunque en este caso lo de la «garganta profunda» no lo tengan muy claro. O sí.
Pero bueno, a lo que iba, yo pensaba que el periodismo de investigación debía destapar un asunto desconocido o probar uno conocido de especial repercusión. Pero que tres señoritas que pululan de programa en programa sin más mérito conocido que ser ex amante de un futbolista famoso o haber echado cinco polvos en una noche con el ex marido de una hija de una cantante cobren por acostarse con alguien ¿es interesante? ¿es sorprendente? ¿eso es periodismo de investigación? Y sobre todo ¿qué clase de moral victoriana nos hace perseguir a las putas? No voy a decir que la prostitución es un trabajo digno, no me lo parece, pero si no lleva consigo abuso y marginación, no seré yo quien lo ataque ¿qué sentido tiene saber que estas señoritas cobran por polvo? Y sabiendo que el reportaje lo produce «El Mundo TV» ¿sacrificamos su intimidad en nombre de qué interés superior? ¿ellas no tienen intimidad, Pedro J.?

Aaaaaaaachís

Bueno, pues algún día tenía que ser, llevaba ya medio otoño resistiéndome, y por fin, desde el miércoles pasado, estoy en una carrera imparable que me aleja de ser una princesa glamourosa y me acerca a pasos agigantados a ser Rudolph; no lo digo por los cuernos, que no me constan (y si me constasen, aquí lo iba a poner : P) lo digo por la nariz modelo tomate maduro a base de pasaditas de kleenex que hoy luzco. Como ya no hay maquillaje que lo disimule, y cemento armado no tenía en casa, voy a lucirme así por los sitios que hoy me van a contemplar. En realidad hoy iba a criticar agriamente al imbécil de Carod, pero fíjate tú, sin necesidad de haber sufrido una inmersión en la región (sí, región) que me haga hablar catalán en la intimidad vía colchón (que por otro lado suele ser la mejor y más rápida vía para integrarse, uno termina sintiéndose del mismo sitio que su compañero de achuchones, casi tan agraviado como los hijos de inmigrantes que luego se hacen nazionalistas) hoy me siento capaz de comprender que su cara de beodo y sus despropósitos igual no son una estrategia para expoliar y joder al prójimo (siendo el prójimo el resto de España) sino que quizá esté bajo la influencia de una medicación fuerte porque tenga mocos constantemente, con lo que eso embota la cabeza. Ahora, que ya es triste que un payaso minoritario de una región (minoritaria, por tanto) tenga tanto peso en el resto de Expaña (Yambra, lo adopto). Luego encima querrán que les mire bien sin esfuerzo.

¿Es sexo de lo que hablamos?


Puedo entender casi todo en el sexo.
Puedo entenderlo todo cuando es libre y consensuado entre adultos. Pero lo que jamás llegaré a entender es a los pederastas, claro que aquí más que de sexo hablamos de delitos. Aún así, puedo ponerme casi en el lugar de cualquier delincuente, incluso si pienso en un violador; puedo imaginar, ya que no sentir, un tipo de pulsión, puedo mentalmente compararlo con el deseo que sí conozco, cuando no tienes labios ni brazos suficientes para besar, abrazar y tocar a quien deseas, aunque no me sirva para justificarlo ni para dejar de sentir repugnancia, no nos equivoquemos. Pero jamás podré comprender a un pederasta, ni a los pedófilos que parapetados tras la aparente impunidad de un ordenador y de la red «sólo» intercambian material que no realizan ellos, como si fuesen Pilatos ¿quién, por qué y para quién creen que se realiza?
Ni siquiera estoy muy segura de que sea sexo sólo, quizá nunca lo ha sido, ni remontándonos al arquetipo de sociedad con pederastia asumida.
Sólo sé que cada vez que leo una noticia como ésa, o miro datos sobre el turismo sexual que incluye a menores, me pongo enferma.

El amo es bueno


«El comité de empresa manifiesta que la familia Ruíz Mateos siempre nos ha tratado con todo cariño, consideración y respeto»
Algo así vienen a decir los trabajadores de varias marcas de la nueva RUMASA en los diversos anuncios que forman parte de la campaña publicitaria de esta temporada, antes vimos a la propia familia Ruíz Mateos haciendo ellos la propaganda de los productos, tan parecidos todos que parecían el mismo Don José María con diversas pelucas en una especie de travestismo comercial. Nunca logro ser muy cruel con Ruíz Mateos, a fin de cuentas si pienso en él me vienen a la mente también Boyer, Preysler, Mariano Rubio, Cisneros, pero muy especialmente Manuel García Pelayo, que entonces era Presidente del Tribunal Constitucional y fue quien con su voto de calidad bendijo el expolio (expolio tal y como se llevó a cabo, no digo que no hubiera, quizá, que intervenir).
Por fin alguien le ha encontrado una utilidad a un comité de empresa, si sigue así quizá se la encuentre también a los sindicatos españoles. La primera vez que lo vi estaba acompañada y los dos nos quedamos boquiabiertos, «el amo es bueeeeeno» logró articular mi hermano pequeño en medio del estupor de ambos, antes de echarnos a reír, a fin de cuentas es un anuncio y nosotros no somos agricultores viendo el de pans & company. ¿A nadie más le parece medieval el planteamiento? O por lo menos paternalista. A mí me ha rechinado tanto como la forma de expresarse de ese político venezolano, Chávez, como dirigiéndose a un grupo de parvulitos constantemente, a su lado los payasos de la tele resultaban monocordes, por no entrar en lo impresentable del fondo del personaje.

Soy militante

He decidido convertirme en una activista.
Sé que suena raro, y de momento no he pensado en el look apropiado para esta ocasión, no sé si estaría bien el de sindicalista en petición de mano real (aunque no estoy muy convencida de freírme el pelo) por aquello de unir reivindicación y sangre azul, aunque la mía prefiero que tire a verde; lo único que tengo claro es que ni siquiera para esto me pondré calcetines.
El caso es que he pensado (sí, sin coñas, he pensado, a veces lo hago): si se hacen campañas contra la inocente comic sans serif de mi messenger ¿por qué no hacer una contra la invasión de los puntos suspensivos que nos asola? De acuerdo con que los puntos suspensivos tienen su función, no seré yo quien se la niegue, pero ¿cuántos puntos suspensivos puede soportar un párrafo? Bueno, el párrafo da igual, ni siente ni padece o no se le escuchan los gemidos, aquí lo importante es ¿cuántos puedo soportar yo? La respuesta es pocos, me desasosiega tanta interrupción en el pensamiento del que escribe, pienso (otra vez, se va a terminar convirtiendo en costumbre) ¿le ocurrirá algo grave? ¿tendrá que levantarse constantemente a cuidar a un bebé impertinente o por algo de la próstata? ¿será una campaña contra las conjunciones? Vale que no se usen disyuntivas, distributivas, adversativas o consecutivas, ni las subordinantes tampoco, que luego no damos ovillo para seguir el hilo y nos perdemos, pero ¿y lo sexis a la par que sencillas que son las copulativas?
Claro que ahora recuerdo que las exclamaciones también me aturden, siempre imagino a alguien bajo los efectos de un tripi venga a darle al teclado saltando sobre su silla cada vez que pone una, alegre como el tuno de la pandereta, y teniendo en cuenta que ahora se ponen de seis en seis («’me dé’ una docena de exclamaciones para llevar») realmente lo que imagino es un martillo neumático.
Sospecho que la culpa de todo la tiene el club de la comedia al que tanta gente pretende emular, que está haciendo que escribamos con la misma fluidez con la que hablamos.

Y sospecho también que voy a terminar pareciendo una maniática, qué horror, como penitencia voy a resolver este pasatiempo mientras me quito la viga del propio:

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