Archivo del 9 de Noviembre de 2004

La española cuando besa…

el besoPedía ayer Amanda una descripción de besos dados, pero me veo incapaz porque los mejores besos no puedo recordarlos, no sé conservar el mínimo resquicio de consciencia necesario para asistir a ellos como espectadora, o quizá sea porque los mejores besos siempre están por venir. Si el beso merece la pena te deja sin respiración, con la mente en blanco, con las rodillas temblando ¿cómo contarle a alguien, si no es al oído y para besarle otra vez, un beso que has compartido?
Puedo hablar de los besos imaginados, o mejor aún, de los largo tiempo anhelados, los que vamos elaborando en nuestro cuerpo para sorprender a nuestro amante un día especial, cuando le encontramos después de un tiempo, besos en los que no se ha posado nunca la rutina, cuando aún no conocemos los labios ajenos, sólo lo justo para recordarlos cálidos, acogedores, sabios y expectantes, entreabiertos para recibirnos, dispuestos a recorrernos sin pausa, besos que unen los labios desde el pubis, cuando aún se distingue un cuerpo del otro, besos de labios azules.

Así que ya sabe, me puede usted besar en la mano, me puede dar un beso de hermano, así me besará cuando quiera, pero un beso de amor… bueno, no lo sé, si en el fondo (y en la forma) yo tiendo a frívola. Nada, olvida lo que he dicho, y dame más, descubre si me enseñó Judas a besar.

Categorías
Repásame
Alojamiento
PlicaZaragózame