Como sé que canto mal, no os lo voy a poner difícil: es el tema «dr. Zhivago: At the Student Cafe» anunciando la Navidad con ese ángel vestido de negro, o duende de los deseos, o espíritu de la lotería, vaya, el calvo, que a mí me recuerda a Fito el de los fitipaldis pero con menos viajes, bastante atractivo en cualquier caso. A mí me encanta que el anuncio aparezca porque soy de esos seres raros que les gustan las Navidades, incluso me emocionaba el anuncio de las muñecas epilépticas de Famosa que se dirigían al portal, en los tiempos en que las niñas jugábamos con la Nancy ennoviándola con el Geyperman para que la pasease en su carro de combate, no con la Barbie.
Cada año existe un número estrella que se agota antes de quitarnos la arena de la playa; yo pensaba que se tomaba como referencia una fecha en la que hubiese ocurrido una desgracia (el 11 de septiembre, por triste ejemplo), pero este año el que se ha agotado ha sido el 22504; algún despistado dirá «me suenan esas cifras…» pues sí, son la fecha de LA BODA. El pueblo soberano tiene esas cosas y otras supersticiones asociadas a la lotería redentora, que tantos pleitos termina generando a través de participaciones, resguardos y estafas, y si no, que se lo pregunten a la Doña Balbina de «Hoy es fiesta», la tragicomedia (aunque yo la recuerdo más como drama, no desdiré al autor, faltaría más) de Buero Vallejo.
Bueno, pues mis sueños y los de mi familia juegan a la lotería, llevan más de cincuenta años jugando los sueños con el mismo numerito, se abonó mi abuelo (d.e.p.) cuando era soltero, y aquí estamos aún esperando a ver si se hacen adultos, se aburren de jugar y nos toca de una santa vez, aunque ya nos tiene que tocar para compensar dos décimos semanales desde antes de la guerra, jeje. Eso sí, el día que ocurra prometo que no iremos a sentirnos pilotos de fórmula uno por un día a ninguna administración de lotería, el champán nos lo tomaremos en casita, y en copa. Como debe ser.