Puzzles

Me encantan las cosas cuando encajan, seguramente porque normalmente no lo hacen; el caso es que me da paz ver el puzzle éste al que le faltan tres piezas por colocar y es tan evidente donde van que hasta una ministra de cultura podrÃa hacerlo sin sus asesores al lado y sin haber aprobado la plastilina y los juegos de preescolar.
Lo curioso es que las mariposas me gustan desde hace poco, antes no diré que las odiase, pero es que soy tan urbanita que tampoco he visto tantas en directo, casi siempre en cromos o en los museos atravesadas artÃsticamente por un alfiler, y aunque fuesen mariposas, no dejaba de ser una exposición de cadáveres, claro que mucho menos inquietante que los fetos en formol que nos dejaban hipnotizados en el Museo de Ciencias Naturales. Esto último me daba tanto asco como los exvotos que alguna vez he visto colgando en alguna iglesia cuando consistÃan en la reproducción del miembro salvado hecha en algún material resistente.
Ahora que lo pienso, tal vez alguno de los brazos fuese de algún feligrés que habÃa implorado el milagro de poder permanecer acostado de medio lado y abrazado a su cónyuge (digo yo que para la pareja de hecho no se va a la iglesia a implorar) sin que se le durmiese el brazo de sobra (o sea, el que va justo contra el colchón), cosa que yo solo consigo evitar cuando cambio la postura y me convierto en la princesa koala, pero como soy de natural inquieto no me dura más allá de diez minutos.
Aunque moverse también tiene su encanto.









