He decidido convertirme en una activista.
Sé que suena raro, y de momento no he pensado en el look apropiado para esta ocasión, no sé si estaría bien el de sindicalista en petición de mano real (aunque no estoy muy convencida de freírme el pelo) por aquello de unir reivindicación y sangre azul, aunque la mía prefiero que tire a verde; lo único que tengo claro es que ni siquiera para esto me pondré calcetines.
El caso es que he pensado (sí, sin coñas, he pensado, a veces lo hago): si se hacen campañas contra la inocente comic sans serif de mi messenger ¿por qué no hacer una contra la invasión de los puntos suspensivos que nos asola? De acuerdo con que los puntos suspensivos tienen su función, no seré yo quien se la niegue, pero ¿cuántos puntos suspensivos puede soportar un párrafo? Bueno, el párrafo da igual, ni siente ni padece o no se le escuchan los gemidos, aquí lo importante es ¿cuántos puedo soportar yo? La respuesta es pocos, me desasosiega tanta interrupción en el pensamiento del que escribe, pienso (otra vez, se va a terminar convirtiendo en costumbre) ¿le ocurrirá algo grave? ¿tendrá que levantarse constantemente a cuidar a un bebé impertinente o por algo de la próstata? ¿será una campaña contra las conjunciones? Vale que no se usen disyuntivas, distributivas, adversativas o consecutivas, ni las subordinantes tampoco, que luego no damos ovillo para seguir el hilo y nos perdemos, pero ¿y lo sexis a la par que sencillas que son las copulativas?
Claro que ahora recuerdo que las exclamaciones también me aturden, siempre imagino a alguien bajo los efectos de un tripi venga a darle al teclado saltando sobre su silla cada vez que pone una, alegre como el tuno de la pandereta, y teniendo en cuenta que ahora se ponen de seis en seis («’me dé’ una docena de exclamaciones para llevar») realmente lo que imagino es un martillo neumático.
Sospecho que la culpa de todo la tiene el club de la comedia al que tanta gente pretende emular, que está haciendo que escribamos con la misma fluidez con la que hablamos.

Y sospecho también que voy a terminar pareciendo una maniática, qué horror, como penitencia voy a resolver este pasatiempo mientras me quito la viga del propio: