Bueno, pues algún día tenía que ser, llevaba ya medio otoño resistiéndome, y por fin, desde el miércoles pasado, estoy en una carrera imparable que me aleja de ser una princesa glamourosa y me acerca a pasos agigantados a ser Rudolph; no lo digo por los cuernos, que no me constan (y si me constasen, aquí lo iba a poner : P) lo digo por la nariz modelo tomate maduro a base de pasaditas de kleenex que hoy luzco. Como ya no hay maquillaje que lo disimule, y cemento armado no tenía en casa, voy a lucirme así por los sitios que hoy me van a contemplar. En realidad hoy iba a criticar agriamente al imbécil de Carod, pero fíjate tú, sin necesidad de haber sufrido una inmersión en la región (sí, región) que me haga hablar catalán en la intimidad vía colchón (que por otro lado suele ser la mejor y más rápida vía para integrarse, uno termina sintiéndose del mismo sitio que su compañero de achuchones, casi tan agraviado como los hijos de inmigrantes que luego se hacen nazionalistas) hoy me siento capaz de comprender que su cara de beodo y sus despropósitos igual no son una estrategia para expoliar y joder al prójimo (siendo el prójimo el resto de España) sino que quizá esté bajo la influencia de una medicación fuerte porque tenga mocos constantemente, con lo que eso embota la cabeza. Ahora, que ya es triste que un payaso minoritario de una región (minoritaria, por tanto) tenga tanto peso en el resto de Expaña (Yambra, lo adopto). Luego encima querrán que les mire bien sin esfuerzo.