Entradas archivadas en Diciembre dEurope/Berlin 2004

Viernes, 31 de Diciembre de 2004


Acabamos de pasar el solsticio de invierno, y celebramos la Navidad como antes se celebraba en estas fechas el nacimiento de otros dioses, todos ellos parte de «mitos solares» en los que un dios joven muere y resucita (el Horus egipcio, el Mitra persa, el Zagreus-Dioniso griego y su equivalente romano, Baco, entre otros). Y el año nuevo lo recibimos con esperanza siempre (año nuevo, vida nueva), significa muerte de lo antiguo y renovación. Desde siempre el ser humano (bueno, quizá desde siempre es muy categórico, digamos desde tiempo inmemorial) ha fijado fechas para celebrar los cambios de ciclo, y ha efectuado ritos para que el nuevo sea propicio, para atraer salud, dinero y amor, aunque a mí, más que esta canción, me resonará todo el día en la cabeza esta otra, igual que me paso el día de Nochebuena tarareando «fue en Nueva York, una Nochebuena, que yo preparé una cena pa invitar a mis paisanos…» y me emociono y todo cuando suenan en esta canción lo que en palabras de Javier Marías son

«[…] los acordes más sobados de un famoso y españolísimo pasodoble, debía de ser ‘Suspiros de EspañaÂ’ al que tanto recurren en mi país los novelistas y los cineastas para crear cierta emoción de mala ley y barata (los izquierdistas de letrero en la frente lo aprecian tanto como los criptofascistas), […]»

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Así, poco antes de las doce campanadas pelaré mis uvas, quitaré los hollejos y las pepitas (sí, soy así, qué le vamos a hacer, en el pueblo donde mi abuelo tenía unas viñas aún se acordarán de cuando me llevaron con cuatro o cinco añitos a ver una vendimia y me dieron unas uvas para hacer la gracia; supongo, porque no la recuerdo, la cara de espanto que pondrían los lugareños cuando me vieron sentarme y empezar a pelarlas una por una por más que me intentaron convencer de que se comían enteras. «Estos de ciudad…» pensarían perplejos) e intentaré tragarlas después al ritmo que marque el reloj de la Puerta del Sol procurando no mirar a nadie de mi familia, porque me da la risa y me atraganto, como hacemos los españoles desde que se produjo aquel excedente de los vinateros catalanes en los años veinte y nos convencieron de que sus uvas de sobra eran «uvas de la suerte». Pero antes habré cenado con un billete debajo del plato, para asegurar si no fortuna, al menos no ir peor, y luego el billete me acompañará todo el año. Y pediré tres deseos anudando tres veces un lacito rosa que durante esta noche guardaré cerca del corazón.
Y, si sobrevivo a las uvas, brindaré con una copa de champán que llevará un poco de oro dentro mientras dedico el primer instante del año a las personas que quiero pero que no pueden estar esta noche conmigo. En este punto la abuela hace su ritual, que consiste en decir que ella no llegará al año siguiente y acongojar a sus hijas, pero en diez minutitos se les pasa y seguimos con la fiesta.
Brindaré esta noche porque el año que viene sea mejor que éste que dejamos atrás, que en grandes acontecimientos para mí empezó un 11 de marzo y termina con una cantidad inimaginable de muertos en otro punto del planeta.
Pero como en la caja quedó la esperanza, quiero brindar con vosotros por un año mejor ¡Salud!

Miércoles, 29 de Diciembre de 2004


En mi ciudad tenemos fama de «secos» (en el sentido de ásperos, desabridos en el trato), y no voy a discutirlo porque siempre he sospechado que los tópicos tienen algo (o mucho) de cierto, aunque sean injustos como todas las generalizaciones y además sólo nos guste cuando hacen referencia a una cualidad y no a un defecto (ningún catalán saltará si yo digo que los catalanes son muy trabajadores y progresistas, aunque exista carod para demostrarme la excepción, y algún cunero pondrá un ofendido comentario si digo que son tacaños, agraviado sin remedio).
Como decía, tenemos fama de secos, o antipáticos, y desde luego hay comercios en los que da rabia comprar porque parece que están haciéndote un favor por atenderte; no me refiero a encontrar a alguien en un mal momento, incluso en un mal día, que todos los tenemos y el trato con el público es bastante cansado, sino a tiendas donde invariablemente te tratan mal. Incluso en el Corte Inglés de aquí hay que cazar a lazo a los dependientes, y en otros centros de España no te dejan ni mirar sin preguntarte que qué deseas. Pero las cosas están cambiando, no sé si será un efecto colateral de la globalización o la sobredosis de telenovelas sudamericanas de hace años, y ya me ha pasado en varios sitios (no sólo ahora que estamos en Navidades y podría deberse a una sobredosis de dulces) que me he sentido abrumada por el «amor» rayano en adoración que mostraban las dependientas, con hombres aún no me ha ocurrido supongo que porque lo ven un poco gay: «¿qué quieres, cielo?», «¿te está bien, cielo?», «ahora mismo te lo miro, cariño». Y queda raro. En primer lugar, porque ya voy teniendo una edad, y casi todas las dependientas son más jóvenes que yo (algunas insultantemente más jóvenes que yo) así que no sé por qué usan ese tono como de verme desvalida o necesitada de afecto: no soy ni parezco una mascota. En segundo lugar, porque hay situaciones en las que me hace gracia que alguien me llame así, pero desde luego no es yendo de compras, y al alguien suele unirme una relación algo más intensa que la de comprador-vendedor. En tercer lugar, porque hay acentos con los que esas cosas tienen su punto (el argentino, por ejemplo) pero con el nuestro no, decididamente no. Y por último, porque entre ser un borde, y ser un empalagoso, ha de haber un término medio, seguro.
Estoy planteándome muy seriamente contestar la próxima vez: «deseo una faldita, cuchi-cuchi».

Lunes, 27 de Diciembre de 2004

Durante estas Navidades han ido llegando noticias fragmentarias sobre el caso de una discapacitada de Asturias y la posibilidad de que aborte. Fragmentarias puesto que el caso está siendo tramitado protegiendo la intimidad de esta persona, procedimiento lógico cuando se trata de menores o discapacitados y sospecho que la mayor parte de los datos han sido facilitados por las diversas asociaciones antiabortistas que se han movilizado. Así, sólo se sabe que aproximadamente el embarazo dura ya seis (aunque supongo que estaremos dentro del séptimo ya) meses, que previamente esta persona no estaba incapacitada judicialmente y por tanto no se había nombrado ningún tutor legal para ella, y que cuando se ha querido actuar ha sido tarde; el juzgado autorizó el aborto y el fiscal Jefe de Asturias primero recurrió la decisión y luego retiró el recurso. Ahora la cuestión se plantea en los siguientes términos: los tutores de esta mujer, embarazada de seis meses, piden para ella un aborto acogiéndose a uno de los supuestos de despenalización (que no legalización del aborto: en España el aborto es delilto, y sólo si se hace en determinadas circunstancias, relativas a la madre o al hijo y previstas por la ley, no se castiga a quien lo practica ni a quien consiente que se le practique) establecidos por el Código Penal, en concreto el que dispone que sea necesario para evitar un grave peligro para la vida o la salud física o psíquica de la embarazada; en algún otro sitio he leído que se aludía también a malformaciones en el feto, pero este supuesto no sería aplicable porque sólo permite el aborto dentro de las veintidós primeras semanas de gestación. Pero despenalizada la acción y todo, la situación a la que se ha llegado es terrible, tremenda por la decisión que alguien en nombre de ella tiene que tomar, peligrosa por la intervención en sí, sea finalmente aborto o parto provocado prematuramente.
En mi opinión ahora cualquier solución es mala, aunque alguna sea menos mala que otra, lo deseable hubiera sido evitar este embarazo; porque es posible que ella tenga la edad mental de una niña de tres años, pero ni su aparato reproductor ni su sexualidad se han detenido en esa edad, y eso parece ser algo que nadie contempla. Claro que si se contempla, enseguida alguna voz dirá que es de nazis plantear la esterilización de estas personas, cuando lo cierto es que desde luego a mí no me parece una medida para «mejorar la raza», sino una cautela para evitar situaciones como la que comento.

Sábado, 25 de Diciembre de 2004

Hoy, además de ser Navidad, hace seis meses que empecé de nuevo con la historia esta de los blogs, empujada insistentemente por Maribel que siempre es muy generosa, hasta desmedida, en sus elogios. Como por aquel entonces ya conocía a Ararat, y su ombligo es mucho más bonito que el mío, para evitar odiosas comparaciones saqué del armario este segundo blog que había bautizado uno de mis motes familiares (hay más, pero sólo los saben algunos lectores silenciosos).
Pronto mi aristocracia de pega fue seducida por la sensación de peligro que suele encarnar un joven hegeliano, y conocí al Camarada Bakunin, y gracias a él a algún otro ser muy interesante que se mueve por sus páginas, y a Manuti. Después, Carmen me encontró a mí y yo a través de ella a Bambino, y con ellos he visto como se mueven en Aragón por su tierra. Y he conocido la serenidad de Amanda, y me ha empujado (suavemente) El Cocinillas hasta los fogones (sólo un día, pero menos es nada). Septiembre se llevó al Anacoreta a algún sitio del que espero que regrese y noviembre trajo hasta aquí a Mauricio, que es tan sensual que… ejem, es Navidad, no voy a desmadrarme ;) También se habían animado por entonces Makats y Binche, y Big se anima y se desanima, y Esther ha vuelto en pie de guerra. Pero antes había llegado Yambra, del que no digo nada; si leéis habitualmente este blog sabréis que hay cosas que no digo porque es fácil pasar la línea de la cursilería (vale, soy indulgente conmigo, me convenzo de no haberla traspasado aún), y de su mano entré en el lugar donde habita el Prisionero de las Sombras, para quedarme allí.
Pues a todos ellos, y a los que leéis cada día o de vez en cuando, feliz Navidad, servíos una copita.
Vega Sicilia Único Reserva Especial, qué menos

Miércoles, 22 de Diciembre de 2004

Bueno, pues no sólo no soy millonaria, sino que encima me he pasado la mañana dando vueltas de comercio en comercio en calidad de paje de los Reyes Magos, o sea, que básicamente he ido diciendo si las cosas me gustaban o no y luego cargaba con los paquetes. Ahora podría descansar si no fuese porque sé que esta tarde me toca la misma o parecida operación, así que bueno, digamos que descansaré de los tacones pero no del agobio. El gordo de la Lotería Nacional ha vuelto a venderse en Cataluña, y yo esperaré a ver si hay suerte con la pedrea, que para eso que anoche metí los décimos en laurel fresco, última superstición que en mi casa habíamos decidido poner en práctica. El laurel es una planta además de aromática considerada de buena suerte, símbolo de perpetuidad, gloria y victoria, que en Grecia estuvo asociada al culto de Apolo. Este dios arquero se había burlado de las flechas de Eros. El dios del amor, para vengarse, lanzó desde lo alto del Parnaso una flecha de oro que se clavó en el corazón de Apolo, inspirándole una pasión irrefrenable, y una flecha de plomo que se clavó en el corazón de Dafne, provocándole indiferencia. Además Dafne era una ninfa, hija del dios-río Peneo (o del dios-río Ladón, según versiones), que formaba parte del cortejo de Artemisa, y como todas las compañeras de esta diosa tenía que conservar su virginidad. Apolo, alcanzado por la flecha de Eros, la persiguió sin descanso, y cuando estaba a punto de darle alcance, Dafne suplicó a su padre que la hiciera escapar de su agresor. Peneo la transformó en laurel, y Apolo se vio reducido a arrancar unas ramas que desde entonces adornan su lira, su carcaj y su cabeza.

Ovidio -Metamorfosis 1, X-: ya que no puedes ser mi esposa serás en verdad mi árbol siempre mi cabellera, mis citaras y mi carcaj se adornarán contigo

A ver si no se nos escapa del todo la suerte como Dafne escapó de Apolo, momento que recoge la escultura de Bernini que se ve en la imagen.


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