Mil albricias
Durante muchos años, todos los que estuve en el colegio, el dÃa de la Inmaculada (que antes aparecÃa como una fiesta aislada, no en medio de un macropuente porque cuando yo nacà y hasta unos añitos después no habÃa Constitución, sino Leyes Fundamentales) cantábamos el «mil albricias». Creo que, de hecho, el poder pronunciar y entender las palabras de esa canción-himno marcaba el paso a adolescente, o lo que quiera que haya después de la niñez, porque yo me recuerdo perpleja, con cuatro, seis años, en la capilla del colegio, intentando cantar cosas como «mil albricias al pasado siglo, PÃo Nono se llena de honor, pues proclama cual dogma sagrado la muy pura y sin par concepción» o «disputaban los siglos la dicha de escuchar la divina sanción que fijase cual dogma sagrado toda pura es la Madre de Dios», e incluso «once lustros contaba ya el siglo cuando PÃo los sellos abrió y al clamar toda pura es MarÃa todo el orbe de luz se inundó», mirando asombrada como «las mayores» no sólo movÃan la boca en torpe imitación, sino que cantaban esas cosas tan raras. Hay que tener en cuenta además que para encajar tan elaborados versos en la música sonaba algo asà como dis-pu-taaaaaa-ban los siiiiii-glos la diiiiii-i-cha, además como veinte tonos por encima de lo que podÃamos alcanzar sin gallos. Asà pues el cantar el «mil albricias» a esa edad se me antojaba tan difÃcil como mantener planchadas las tablas de la falda del uniforme cuando me sentaba o que las medias se sujetasen justo debajo de la rodilla y no en el tobillo, que es donde la querencia hacÃa que terminasen. En realidad lo cantábamos el dÃa 7, que era lectivo, y hacÃamos fiesta en el colegio (en B.U.P. y C.O.U. tocaba festival de canciones, algún dÃa contaré cómo era la canción con la que mi clase ganó en tercero) , y el dÃa 8, que habÃa una Misa a la que acudÃamos con los padres; en mi caso con más familia, porque a lo tonto acumulamos una ingente cantidad de ex-alumnos teniendo en cuenta los poquitos que somos.
Ahora las cosas son distintas, ayer me pasé la tarde en la cocina adaptando una receta de El Cocinillas para la comida de hoy, en la que nos reunimos todos los de la familia que estamos aquà y dedicamos la tarde a convertir la casa en un festival de luz y color; y aunque con los años vamos tendiendo al «minimalismo» en decoración aún nos falta mucho para alcanzarlo, claro que si uno no se desmanda en Navidad ¿cuándo va a hacerlo?. Por ejemplo, este año convivirán en nuestras ventanas molinillos-antipalomas y nieve formando figuritas navideñas. Solemos comentar como coartada que a la abuela (a falta de niños) le gusta, pero lo cierto es que, aunque nos critiquemos con saña, que en mi familia somos bastante crueles, sospecho que a todos nos encanta el jaleÃllo.









