Archivo del 17 de Diciembre de 2004
Uno de cuatro

Hoy toda la prensa se hace eco de una noticia que supongo que esconde (bueno, ni esconde) varios dramas personales de los que desde luego no me voy a ocupar, voces más serias y autorizadas lo harán, y una interesante evolución del derecho de familia a golpe de biología. Además la ciencia, que antes nos ha obligado a contextualizar las novelas policiacas de Agatha Christie y otros autores, imponiéndonos olvidar los avances que en materia de investigación y ADN se han realizado desde que fueron escritas, nos va a forzar asimismo a olvidar los viejos dramas de cornudos que junto con los de honra y hacienda tanto gustaban en esta España que nunca entendió el anglosajón modelo de marido complaciente, aunque lo practicase y lo practique, y aunque Graham Greene quitase la careta y mostrase que, si no la verdadera, también está la misma complacencia en el amante que adapta su vida a los huecos que el cónyuge del otro le va dejando. Eso cuando no es un amante ocasional, claro, al modo de Zeus, el engendrador insaciable, que prácticamente usaba a sus amantes hasta que plantaba la semillita, menos mal que les hacía disfrutar de maneras variadas, desde la lluvia de oro (esta vez no pondré dorada, para que no entren buscando lo que no hay) aunque en este caso estaba soltera, hasta en forma de cisne, como ocurrió con Leda cuando el burlado fue Tíndaro, que también debió hacerse cargo de hijos que no eran suyos: Helena y uno de los Dioscuros. Eso sí, los dioses lo organizaban mejor, cada pareja iba en un huevo distinto aunque hubieran sido engendrados la misma noche (esta Leda… ), uno para los hijos de Zeus (Helena y Pólux) y otro para los hijos de Tíndaro (Clitemnestra y Cástor).
Sin embargo, no todas las amantes de Zeus tuvieron un rato no diré ya ameno, que quizá con sus legítimos también lo tuvieran, pero al menos alternativo, para Alcmena no hubo forma exótica ni animal sagrado: el padre de los dioses tomó la apariencia de su marido Anfitrión para engendrar a Hércules. Esta es otra historia, que algún día contaré, pero mientras, si queréis, podéis leer cualquiera de los muchos Anfitriones que se han escrito, aunque a mí me gusta especialmente el que escribió Giraudoux.
; ?>/img/plica_zaragozame_guay_200.jpg)