Conozco a varias personas que no sé si por inconstancia o por afán de notoriedad pasan su vida en una constante despedida. Estén donde estén, hagan lo que hagan, al poco tiempo inevitablemente dicen adiós. Mejor dicho, por inconstancia no, puesto que si fuese esa la causa, dirían adiós y se irían; decicidamente me inclino por el afán de notoriedad, o por carecer de la atención que necesitan. Estas personas han hecho de su vida la despedida eterna. Suele ser mejor cuando hay un agravio, porque así la despedida es dramática («no puedo continuar ni un segundo más después de esto»), pero no es una condición necesaria, también puede responder a cansancio, no por la tarea en sí, generalmente lo he observado más en tareas voluntarias (poca gente puede prescindir de un trabajo sin más) sino por la falta de atención suscitada, que, poca o mucha, no satisface sus expectativas. Constantemente vuelven por donde solían, primero a recordar que se han ido si no ha habido llantos y crujir de dientes por su desaparición, o si han sido insuficientes, o han durado poco en su egocéntrico parecer, a dar explicaciones que nadie, salvado el primer momento, pide; y después a continuar «por petición popular» hasta que necesiten nuevamente llamar la atención para dar un poquito más de emoción a su vida. En realidad las primeras veces que se pone en práctica la estrategia sí da resultado, después alguna gente despiadada entre la que me incluyo lo que hace es cronometrar el tiempo que falta para su vuelta, que suele producirse justo en el momento en que descubren que el mundo sin ellos sigue adelante. Amagando siempre con irse, pero nunca yéndose del todo, porque cuando uno quiere marcharse, se lo piensa antes, toma una decisión y en buena o mala hora se va, sin más historias ni dramatismos, no lo avisa públicamente mil veces antes para que le intenten convencer de lo contrario, no amaga mil veces para ver qué elogio, qué presente, que regalo o que cesión saca.
Decía que han hecho de su vida la despedida eterna, aunque en realidad sería más ajustado decir que es el eterno retorno.