Bueno, pues no sólo no soy millonaria, sino que encima me he pasado la mañana dando vueltas de comercio en comercio en calidad de paje de los Reyes Magos, o sea, que básicamente he ido diciendo si las cosas me gustaban o no y luego cargaba con los paquetes. Ahora podría descansar si no fuese porque sé que esta tarde me toca la misma o parecida operación, así que bueno, digamos que descansaré de los tacones pero no del agobio. El gordo de la Lotería Nacional ha vuelto a venderse en Cataluña, y yo esperaré a ver si hay suerte con la pedrea, que para eso que anoche metí los décimos en laurel fresco, última superstición que en mi casa habíamos decidido poner en práctica. El laurel es una planta además de aromática considerada de buena suerte, símbolo de perpetuidad, gloria y victoria, que en Grecia estuvo asociada al culto de Apolo. Este dios arquero se había burlado de las flechas de Eros. El dios del amor, para vengarse, lanzó desde lo alto del Parnaso una flecha de oro que se clavó en el corazón de Apolo, inspirándole una pasión irrefrenable, y una flecha de plomo que se clavó en el corazón de Dafne, provocándole indiferencia. Además Dafne era una ninfa, hija del dios-río Peneo (o del dios-río Ladón, según versiones), que formaba parte del cortejo de Artemisa, y como todas las compañeras de esta diosa tenía que conservar su virginidad. Apolo, alcanzado por la flecha de Eros, la persiguió sin descanso, y cuando estaba a punto de darle alcance, Dafne suplicó a su padre que la hiciera escapar de su agresor. Peneo la transformó en laurel, y Apolo se vio reducido a arrancar unas ramas que desde entonces adornan su lira, su carcaj y su cabeza.

Ovidio -Metamorfosis 1, X-: ya que no puedes ser mi esposa serás en verdad mi árbol siempre mi cabellera, mis citaras y mi carcaj se adornarán contigo

A ver si no se nos escapa del todo la suerte como Dafne escapó de Apolo, momento que recoge la escultura de Bernini que se ve en la imagen.