Durante estas Navidades han ido llegando noticias fragmentarias sobre el caso de una discapacitada de Asturias y la posibilidad de que aborte. Fragmentarias puesto que el caso está siendo tramitado protegiendo la intimidad de esta persona, procedimiento lógico cuando se trata de menores o discapacitados y sospecho que la mayor parte de los datos han sido facilitados por las diversas asociaciones antiabortistas que se han movilizado. Así, sólo se sabe que aproximadamente el embarazo dura ya seis (aunque supongo que estaremos dentro del séptimo ya) meses, que previamente esta persona no estaba incapacitada judicialmente y por tanto no se había nombrado ningún tutor legal para ella, y que cuando se ha querido actuar ha sido tarde; el juzgado autorizó el aborto y el fiscal Jefe de Asturias primero recurrió la decisión y luego retiró el recurso. Ahora la cuestión se plantea en los siguientes términos: los tutores de esta mujer, embarazada de seis meses, piden para ella un aborto acogiéndose a uno de los supuestos de despenalización (que no legalización del aborto: en España el aborto es delilto, y sólo si se hace en determinadas circunstancias, relativas a la madre o al hijo y previstas por la ley, no se castiga a quien lo practica ni a quien consiente que se le practique) establecidos por el Código Penal, en concreto el que dispone que sea necesario para evitar un grave peligro para la vida o la salud física o psíquica de la embarazada; en algún otro sitio he leído que se aludía también a malformaciones en el feto, pero este supuesto no sería aplicable porque sólo permite el aborto dentro de las veintidós primeras semanas de gestación. Pero despenalizada la acción y todo, la situación a la que se ha llegado es terrible, tremenda por la decisión que alguien en nombre de ella tiene que tomar, peligrosa por la intervención en sí, sea finalmente aborto o parto provocado prematuramente.
En mi opinión ahora cualquier solución es mala, aunque alguna sea menos mala que otra, lo deseable hubiera sido evitar este embarazo; porque es posible que ella tenga la edad mental de una niña de tres años, pero ni su aparato reproductor ni su sexualidad se han detenido en esa edad, y eso parece ser algo que nadie contempla. Claro que si se contempla, enseguida alguna voz dirá que es de nazis plantear la esterilización de estas personas, cuando lo cierto es que desde luego a mí no me parece una medida para «mejorar la raza», sino una cautela para evitar situaciones como la que comento.