Polvo de hadas

Supongo que aunque no podamos verlo, estará por aquí, porque en los cuentos, cuando nace una princesa acuden las hadas madrinas para bendecir a la criatura, y luego velan por ella durante el resto de su vida. Las hadas que hemos conocido todos tienen su origen en las Tria Fata romanas, los tres destinos, llamadas también las Parcas, que asimilaron las Moiras griegas.
Cuando se empieza algo nuevo es inevitable preguntarse qué destino tendrá, cuál será la suerte que tenga. Para los griegos (los antiguos, claro) la suerte de los individuos se asignaba al nacer, y eran las Moiras quienes se encargaban de ello.
Las Moiras eran, según Hesíodo, hijas de Nicté:
Asimismo (la Noche) engendró a las Moiras y las Keres, vengadoras despiadadas, a Cloto, a Láquesis y Átropo, que a los mortales otorgan, al nacer, el bien y el mal y persiguen las faltas tanto de los dioses como de los hombres, sin cesar nunca de su terrible cólera antes de imponer malvado castigo a quien delinque. (Teogonía, Segunda generación de dioses)
Cloto, la Hilandera, presidía el nacimiento aunque es Ilitía, hija de Zeus y Hera, la diosa del alumbramiento, (sin ella presente no se produce, que se lo digan a Alcmena) e hilaba el destino otorgado a cada uno al nacer, Láquesis, la Suerte, iba desenrollando el ovillo y Átropo, la Inflexible, llegado el momento, cortaba el hilo.
¿Quién no recuerda las tres hadas de la bella durmiente, por ejemplo? Claro que es difícil reconocer en los regordetos dibujos de Disney a las figuras clásicas, pero siempre vienen bien unos polvos mágicos ¿no?









