No, el cambio de sitio no me va a hacer emular alguno de los blogs que leo y que me gustan contando cosas verdes (enlaces a su derecha, querido lector), y procuraré no imitar a los que no me gustan contando mi vida sexual sin gracia (al contarla, me refiero, de lo otro ya he dicho que no voy a hablar) ni me refiero al clima, que en mi ciudad está en pleno «esplendor» de enero, cuando no hay niebla hay cencellada y cuando no las dos cosas, preferiblemente a bajo cero (hasta 7 grados el domingo), así los Pingüinos estuvieron en su ambiente. Bueno, me quejo porque no me gusta el frío, pero tengo que reconocer que tiene su encanto ver todo blanco (producto de la cencellada, aquí la nieve la vemos poco), aunque si has salido con botas de ante y tacón de aguja el encanto se diluye misteriosamente; o quizá no se diluye, sólo que te cuesta más verlo porque tienes que ir haciendo equilibrios.
Lo de caliente lo digo porque hiervo cuando leo las noticias sobre ibarreches, carodes, lamentos sobre lo benévolo que nos salió el Código Penal que aplicamos a los asesinos cuando dicen que tienen ideas, asesinos pasionales reconvertidos en violentos de género… pero no las voy a comentar para que me dure la paz interior de las fiestas (¿o qué creíais, que el aspecto de buda que luzco estos días era por los turrones? :P).
Decidido, prefiero las dos primeras formas de estar caliente.