diez minutos, diez, soporté eso que se llama spin off, y que yo pensaba que se llamaba secuela, es decir, «Aída». O sea, que aguanté una supuestamente graciosa escena en un velatorio y luego una secuencia en una especie de bar, todo cutre, todo sin gracia, aunque eso sí, aprecié un toque social que aportaba uno que quería hacer un equipo de fútbol de desheredados ante la incomprensión del capital opresor representado por el dueño de un bar.
La serie ayer arrasó en audiencia, no sé si mejoraría el guión después de los diez minutos de ordinarieces, chistes sin gracia y lugares comunes entre gritos que yo tuve oportunidad de ver, lo que dudo que mejorase es la interpretación desaforada de los actores que va a terminar siendo marca de la casa. Va siendo común en las comedias españolas que los actores berreen y además berreen en estéreo, porque claro, como con el tono no pueden ya matizar, porque es uniformemente alto, tienen que repetir dos veces cada frase para dar énfasis a lo que dicen, supongo. ¿De verdad existen casas en las que se chille tanto? ¿Es tan graciosa la ordinariez?
Aída es un nombre que para ópera va muy bien, pero que en televisión va a terminar siendo sinónimo de histérica y barriobajera, por lo menos en Tele 5.