Bueno, que estamos todos muy impresionados y legítimamente escandalizados con las declaraciones de la Conferencia Episcopal Española sobre el preservativo lo damos por hecho, porque aunque a la mayor parte de nosotros nos importe poco más que nada en absoluto, tenemos un motivo para quejarnos, y si no es por nosotros, que evidentemente no es, nos podemos quejar por el tercer mundo extorsionado por la Iglesia católica; sí, llevo todo el día con una canción de glutamato ye-ye resonando en mi cerebro bien pensante. Aunque si lo que nos preocupa es el tercer mundo no termino de entender por qué nos puso tan contentos que la Iglesia española pareciese aceptarlo. En fin, que estamos donde estábamos pero con más jaleíto, que siempre está bien para meter puyitas a un poder fáctico y tal.
Pero eso no es lo peor. Lo peor es que va Fraga, se anima, y hace unas declaraciones, y más grave todavía, alguien las entiende y las transcribe, que hay que ver, con lo mal que se le entiende a este hombre, siempre hay un alma caritativa que lo pone en claro para que el resto nos enteremos. Fraga piensa morir sin haber usado un condón. Pues qué bien, aunque eso ya lo suponía yo porque, viudo como está, no tiene licencia para follar.
Claro que ahora que lo pienso, sería peor que hubiese dicho que sí piensa usarlo, porque fértil como es mi imaginación (y tirando a gore, tengo que reconocerlo), además de escuchar íntimamente a glutamato estaría ahora imaginando al presidente autonómico en plena faena, que no sé si se le harán un nudo las manos, como las palabras, y a ver cuántos condones va a tener que desechar por rasgar mal el envoltorio, salvo que se los abra su pareja a la que no quiero imaginar, y encima la última imagen de Fraga que tengo es en medio de un desvanecimiento, así que no sé si podría discriminar mi cerebro entre Fraga y la Preysler.
Eso sí, iba a ser un chollo para la farmacia, entre los preservativos y la viagra.