Deseo de fin de semana

La civilización ha hecho que los hombres dediquemos tiempo tasado al amor, poco o menos del necesario y además sobrante, asà que posiblemente, muchos de los que hoy leáis esto estéis dispuestos a rendir, a poca ocasión que tengáis o se presente entre esta tarde y la mañana del domingo, vuestro particular homenaje a Eros. Lo doy por hecho, no entremos en detalles, que los que me conocéis sabéis que soy pudorosa con las palabras y en público, y los que no, ya os lo digo yo.
Eros es el nombre del amor personificado, especialmente del amor carnal, del deseo, aquel a quien los romanos llamaron Cupido. Según HesÃodo nació del Caos primitivo directamente, al tiempo que Gea, Érebo y Nicté:
«En primer lugar existió, realmente, el Caos. Luego Gea, de ancho pecho, sede siempre firme de todos los inmortales que ocupan la cima del nevado Olimpo: en lo más profundo de la tierra de amplios caminos, el sombrÃo Tártaro, y Eros, el más bello entre los dioses inmortales, desatador de miembros, que en los pechos de todos los dioses y de todos los hombres su mente y prudente decisión somete.» (HesÃodo, TeogonÃa)
Sin embargo, algunas tradiciones posteriores y tal vez más difundidas entre nosotros lo consideran hijo de Afrodita y en algún caso de Ares, y lo presentan como un niño regordete en la imagen barroca que nos es más familiar, un niño alado como en el grupo marmóreo de la imagen que representa a Afrodita amenazando a Pan, dios de los pastores y los rebaños, con cuya cornamenta juega Eros.
En cualquier caso, armado con arco y flechas, disparaba dos tipos de dardos, de oro para inclinar al amor y de plomo para inspirar la indiferencia que tanto hace sufrir a quienes no ven sus amores correspondidos. Los dardos de oro y de plomo que Eros disparó sobre Apolo y Dafne dieron lugar a la tragedia que conocemos.
«¿Por qué asombrarse si Eros el funesto flechas de fuego
tira y se rÃe amargamente con ojos perversos?
¿No ama su madre a Ares y es la esposa de Hefesto,
y asà la comparten el fuego y la espada? ¿y la madre
de su madre no es la mar que flagelada por los vientos
chilla salvajemente? Su padre… Nadie hijo de Nadie.
Por eso tiene el fuego de Hefesto, alienta una cólera semejante
a las olas y sus ensangrentados dardos son los de Ares.»
(A Eros, cuya madre es Afrodita y cuyo padre no es nadie, lleno de todos los males, de Meleagro. AntologÃa Palatina.)
Eros mismo estuvo enamorado, pero su aventura con Psiquis es otra historia que, como Sherezade, dejo para otra noche si conservo la cabeza sobre los hombros y el corazón sin dardos de plomo.









