Cuando éramos pequeños en mi casa, entre otras muchas normas, porque entonces no se consideraba que imponer una determinada disciplina paterna (compréndase que engloba materna también) nos fuese a convertir en tullidos emocionales, había una respecto a la televisión que consistía en que si cantabas anuncios de la tele, dejabas de verla durante un tiempo, como castigo; como además nuestro tiempo de tele, entre los rombos y que había que madrugar, era escaso, la verdad es que el castigo era duro, no estábamos hartos de verla, antes al contrario; fuimos los niños que no vieron a Kunta Kinte, ni «Hombre rico, hombre pobre», ni tantísimas otras. Así que en casa no se nos escuchaba cantar cosas como «más bueno que el pan…» ni «natillas, danone, listas….». Yo entonces no lo entendía, pero el otro día me sorprendí pensando que si tuviese niños haría exactamente lo mismo con ellos, pero no sólo con los anuncios, incluiría las series también, bueno, la tele entera, aunque sólo fuese por contribuir a rebajar la increíble cantidad de «un poquito de por favor» que escucho y leo al día, remedando ese acento cordobés y esa mala pronunciación (a ver, los sensibles, no digo que los cordobeses pronuncien mal, dios me libre, digo que ese actor tiene acento cordobés que el gracioso de turno remeda, por un lado, y además pronuncia mal, por otro lado, junto pero no unido ni una cosa consecuencia de la otra ni nada de eso, que nos conocemos, a ver si va a entrar uno firmando «un cordobés» todo ofendido) del portero de «aquí no hay quien viva». Porque el origen de ésta lo tengo localizado, así puedo centrar mi manía en alguien. Lo mismo que el «rarro» del play boy octogenario, o el «si hay que ir se va, pero ir para nada…» del dúo cómico.
Está claro que una fuente de éxito es lograr una frase lo bastante ambigua como para que todo el mundo la repita no importa en qué situación, en las que encaja porque sí, y en las que no, pues la hacemos encajar a patadas, como si fuésemos ingenieros. Lo que no sé de donde viene es el «pues va a ser que no», menos mal que en ésta, por lo que parece, no tiene nadie que imitar con poca gracia ningún acento. Pero lo que no entiendo yo es lo felices que parecen cuando te largan el circunloquio para la negativa: ¿tengo que poner mejor cara cuando alguien dice «pues va a ser que no» que cuando dice «no»? ¿suponen que me sienta mejor? ¿hasta ese punto logro disimular que me parece un cretino el que lo dice? ¿tanto ha mejorado mi mano izquierda (sin chistes fáciles :P)?