Entradas archivadas en Enero dEurope/Berlin 2005

Miércoles, 5 de Enero de 2005


Ayer planteaba el Camarada Bakunin en su blog una pregunta a los lectores de esas que alguna vez a casi todos nos han ocupado en una de nuestras cómodas discusiones de salón, seguros de que jamás tendremos que enfrentarnos a algo semejante en el papel de quien decide. A fin de cuentas por sentido común entendemos todos, aunque no lo sepamos exactamente, lo de la antijuricidad, la legítima defensa y el estado de necesidad. Con los aviones del 11-S supongo que la duda la hubiera tenido en el primero, cuando ninguno se había estrellado aún, pero a partir del segundo yo creo que los aviones dejaron de ser naves cargadas con pasajeros inocentes para convertirse en armas, y que estaba claro que nadie de quien iba a bordo se iba a salvar se tomase la decisión que se tomase desde tierra, aunque quizá es la distancia y saber qué pasó después lo que hace que me parezca tan claro todo, apenas puedo recordar de aquellos momentos en los que estaba ocurriendo otra cosa que consternación e incredulidad.
Pero al hilo de ese post, recordaba ayer el caso de la madre australiana que tuvo que elegir a cuál de sus dos hijos salvar en el maremoto de fin de año, supongo que tan rápidamente y en unas circunstancias tan extremas que de forma casi instintiva. Por suerte ahora todos están a salvo, pero no sé como se puede elaborar el hecho de haber tenido que elegir alguna vez entre tus hijos, de forma efectiva, si cuando nos hacen elegir entre papá y mamá (sin que se vaya a materializar nunca) nos crean tanta zozobra. Que luego hay que seguir viviendo, y supongo que ver a los dos niños hará que siempre recuerde que eligió a uno sobre otro, por justificada e inevitable que fuese la opción. Y el niño no elegido ¿vivirá con pensamientos morbosos? ¿pensará que es prescindible? ¿llegará a la conclusión de que aunque los padres digan siempre que sus hijos son iguales para ellos, lo son en tanto no tengan que decidir? Quiero suponer que cuando uno tiene que vivir una situación semejante la mente hace surgir mecanismos para soportarla, y que aunque exista una herida, sea posible si no curarla, al menos vivir razonablemente con ella.

En cualquier caso, los dos ejemplos tienen para mí en común que la decisión se toma para evitar un mal mayor (el número indeterminado pero previsiblemente grande de muertos en el caso del avión, salvar la vida de la madre y del hijo menor en el segundo caso), y los ajustamos por tanto a la ética. Pero, puesto que pensarlo lo vamos a pensar sin estar en la situación, imaginemos que somos Holly Martins, estamos en una noria en Viena y nos dice Harry Lime:

«[...]¿Víctimas?… Mira ahí abajo. ¿Sentirías realmente pena si alguno de esos puntitos dejara de moverse para siempre?. Si te diera veinte mil libras por cada punto que parases, me rechazarías la oferta sin dudarlo?. O ¿calcularías cuantos puntos estarías dispuesto a parar?. Libres de impuestos. Es la única manera de ahorrar en estos días[…]»

¿Cuántos rechazaríamos ser el tercer hombre? ¿alguno escucha ya el sonido de la cítara?

Martes, 4 de Enero de 2005


En el de esta tarde, nos ha tocado la cantante. La verdad es que sabemos que es una cantante porque el de ayer se veía claramente que era un músico, porque por parecer, más bien parece una viejecita comiendo un helado de bola y dando un tropezón por no mirar al suelo.
Ha comentado la MadredelaPrincesadelGuisante cuando ha vuelto con el roscón de hoy que al decirle a la dependienta que la figurita de ayer era verdaderamente horrorosa, ésta ha sonreido maliciosamente (la dependienta, no la figurita, que a la vista no las tienen); descartando que supiese qué figurita en concreto iba en el roscón de ayer (que me parece demasiado control para cualquier negocio) lo único lógico es pensar que este año tocan estos alternativos músicos en todos. Es una pena que parezca tan viejecita, porque igual poniéndolos juntos en la misma vitrina terminábamos teniendo la orquesta completa sin necesidad de comer ni un roscón más, y así los comeremos sólo por vicio, no por el aliciente añadido de estos bonitos adornos.
Y cuando nos salgan repetidos, no sé si irme con ellos a la puerta de la pastelería a ver si puedo cambiárselos a otro cliente, como los cromos. A ver si hay suerte y mañana nos toca el de las maracas.

Lunes, 3 de Enero de 2005


En Roma, enero era el mes dedicado al dios Jano, el dios de los principios y de los umbrales (Ianuarius, mes de Jano) tras la reforma del calendario efectuada por Numa, aunque por entonces no era el primer mes, en ese puesto lo situó la reforma de Julio César. Jano era un antiguo rey del Lacio que fue divinizado; tuvo un hijo, Tiberio, que murió ahogado en un río al que desde entonces se llamó Tíber en su honor. Se representaba a esta divinidad con dos rostros, mirando hacia la entrada y hacia la salida, y era el protector de Roma; su templo se hallaba abierto durante la guerra y cerrado durante la paz (es decir, que estuvo cerrado pocas veces). Al dios Jano los romanos le ofrendaban unos pasteles redondos que hoy algunos consideran el precedente de nuestro roscón de Reyes, aunque la tradición de esconder un haba y un regalo dentro del bollo parece que está tomada de los ingleses; no sé, quizá esto pueda explicar por qué tienen un gusto tan… ¿alternativo? las sorpresas de los roscones, para muestra un botón:

«Esto» es lo que salió ayer como sorpresa en el roscón de la merienda; afortunadamente no me tocó, porque en mi casa hacemos conservar al «agraciado» la figurita durante todo el año por aquello de no tentar a la suerte y, al ritmo que comemos roscones, de aquí al día 6 ya ha dicho alguien que podemos fácilmente hacernos con una orquesta completa de afroamericanos. Además de la sorpresa, los roscones en la pastelería donde los compramos vienen con su coronita a juego, el haba, y esta poesía a modo de manual de instrucciones:

«He aquí el Roscón de Reyes,
tradición de un gran banquete,
en el cual hay dos sorpresas
para los que tengan suerte.
»En él hay, muy bien ocultas,
un haba y una figura;
el que lo vaya a cortar
hágalo sin travesura.
»Quien en la boca se encuentre
una cosa un tanto dura,
a lo peor es el haba
o a lo mejor la figura.
»Si es el haba lo encontrado,
este postre pagarás;
más si ello es la figura
coronado y rey serás.»

Con unas indicaciones tan claras, es imposible encontrar escapatoria; no es como cuando uno juega al parchís, que siempre le cabe recurrir, cuando se suscita una controversia sobre si las barreras fuera de seguro pueden saltarse o no, o si hay que entrar con tirada justa en casa, a la norma básica e inapelable: «pues en mi casa jugamos así». Aquí el pastelero no deja elección, lo cual está bien, porque en cuanto uno se niegue a que le coronemos, le sacamos la tarjetita del poema, y listo.


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