Archivo del 2 de Febrero de 2005
Los redentores

El descubrimiento del gen que desencadena la pubertad me parece que va a terminar siendo el principio del fin de un tipo humano que me fascina (en el peor sentido): los redentores.
Los redentores terminan pasada la cuarentena en los brazos de una mujer más joven, que no joven necesariamente, a la cual la aproximación se ha producido por la vía de «jovencita atormentada».
No me refiero a las jóvenes que se aproximan a alguien de talento con éxito público, reeditando el tradicional pacto de juventud por poder; aunque algo de eso puede haber, el ámbito es más tosco que el frecuentado por las Marinas Castaño.
Si, ya he dicho que puede no ser tan jovencita en edad, pero lo cierto es que el comportamiento inmaduro y alocado deslumbra al redentor, al cual no le cabe en la cabeza que el salto de cama en cama pueda no tener más fin que el legítimo placer y por eso intentará buscarle motivos ocultos dibujando en su mente la imagen de una mujer atormentada, mejor aún si es generalmente incomprendida y el colmo del gozo si es perseguida o vilipendiada en algún ámbito de los que frecuente. Es verdad que el amor engrandece el objeto amado a nuestros ojos, pero hay una fuerza que lo convierte en gigante sin discusión: el encoñamiento.
El redentor además de ver satisfecha su vida íntima de una forma que excede a lo que nunca pudo soñar, y en esto es importante recordar que las expectativas previas tienen mucho que ver en la apreciación de la calidad (y de la cantidad, claro) del sexo que se tiene, además, digo, ve como su ramplón pensamiento es elevado a la categoría de corriente imprescindible para el sustento de las ideas del mundo occidental con mucha más eficacia que el habitual coro de palmeros que antes le rodeaba.
Como es normal para estar en la modernidad, se confiesan alejados del cristianismo, pero se ve que necesitan encontrar su Magdalena en la versión más tradicional del catolicismo para sentirse, al fin y seguramente por primera vez en sus vidas, realizados.
Además, llegados a este punto, pueden, al tiempo que alumbran al mundo con sus ideas, provocar la envidia sugiriendo o contando con pelos y señales (depende de la inclinación a cantineros que tengan) como son sus ratitos de expansión, sintiéndose en esto también los inventores del pasatiempo. El éxtasis completo.
; ?>/img/plica_zaragozame_guay_200.jpg)