Por San Blas…
La película (de super 8, el vídeo aún no había llegado a nuestras vidas y tardaría bastante aún) que rodaron mis padres con motivo de mi nacimiento empezaba con unas tomas de una cigüeña sobrevolando mi casa; imagino que sería por estas fechas, o poco más, aunque a mí hasta la primavera no me esperaban y yo soy tirando a puntual desde que nací. Bueno, la película no incluye el parto, porque entonces no se estilaba lo de entrar a estorbar en el paritorio, y aunque se hubiese estilado tampoco hubiese podido por otros motivos. Ahora aquí hay cigüeñas prácticamente todo el año, en San Pablo y en otros muchos sitios, así que esta fecha no marca ya su regreso desde África.
Sin embargo, en casa nunca nos contaron lo de las cigüeñas y los bebés, ni tampoco lo del repollo o la col, la nuestra era la versión «amor+semillita». No estaba mal, al principio satisfizo toda mi curiosidad, aunque más tarde, cuando a base de libros para niños sabía exactamente todo el recorrido del simpático espermatozoide de los dibujos hasta el acogedor óvulo, e incluso había sacado miles de veces el cabezón de un bebé de la página del libro que simulaba el útero, empecé a preguntarme cómo demonios llegaría la semillita a empezar la carrera; hasta vimos una película que habían rodado en el Hospital, en super 8 también, de un parto, no logro recordar si tenía sonido, supongo que no porque no recuerdo gritos ni llanto (en color sí que era ¿eh?), en la que la cámara rodaba todo el parto, así, en vivo y sin cambios de plano, o sea, que el final lo tenía más que claro pero seguía preguntándome por el principio; afortunadamente para mis padres me dediqué a investigar por los muchos libros que sobre el tema nos regalaron a mi hermano y a mí cuando tuvimos por primera vez curiosidad, en lugar de preguntarles y ponerles en la situación de explicármelo delicadamente, porque estaba convencida de que en algún sitio estaba el dato y que se me había escapado por no prestar la atención debida. No estaba, pero en el tiempo transcurrido de alguna manera logré enterarme, si bien no recuerdo el modo.

Ahora (bah, venga, desde hace tiempo) entiendo que sin ni siquiera haber visto aviones repostando en vuelo era difícil hacerme a la idea, pero claro, no iban a ponerme «Teléfono rojo ¡volamos hacia moscú!» o cualquier otra de aviones con escenas de repostaje para explicarme la reproducción humana, encima estas metáforas luego las carga el diablo y tampoco sabes bien como las va a asimilar la criatura.









