Eros y Psique (I)
Hace mucho, mucho tiempo, hubo una vez un rey que tenÃa tres hijas, como en la canción. La más joven de ellas, Psique, era tan bella que los habitantes del paÃs la preferÃan incluso ante Afrodita, con lo que ofendieron gravemente a la diosa. Ya sabemos como se tomaban los dioses cualquier cosilla, asà que es lógico que Afrodita, vÃctima de los celos, pensase en vengarse de Psique y de su pueblo, humillándola; para eso trazó un plan, que consistÃa en enviar a su hijo Eros para que lanzase una flecha de oro al corazón de la joven y le inspirase una pasión desenfrenada hacia el ser más monstruoso de la tierra. Sin embargo, apenas Eros vio a Psique, fue él quien se enamoró y trató de raptarla, intentando además que Afrodita no se enterase y creyese cumplida la venganza que habÃa ordenado. Pidió ayuda a Apolo (serÃa antes del episodio de Daphne, porque si fuese después, yo que Apolo hubiera mandado a Eros no sé donde) y Apolo envió un oráculo al rey para obligarle a vestir a Psique de novia y exponerla en una roca, para que el monstruo pudiera raptarla.
Todo el mundo en el reino lloró la amarga suerte de la princesa al verla pasar ricamente engalanada, conscientes de que era la última vez que podÃan contemplarla, excepto sus dos hermanas, que habiendo vivido siempre envidiando la belleza de Psique y a su sombra, estaban encantadas de que se la quitasen de la vista, aunque fuese con rumbo a un destino tan desagradable.
Psique, una vez sola en la roca, estaba desconsolada esperando la aparición del monstruo que habÃa de llevársela para siempre y resignada a morir en breve, pero quien acudió fue el dios viento Céfiro para trasladarla suavemente a un palacio maravilloso en el que se encontró completamente sola, acompañada únicamente por una voz muy dulce que le explicaba todo cuanto encerraban las puertas de oro y piedras preciosas de cada estancia. Le advirtió la voz que el dueño del palacio acudirÃa esa noche a su lecho para tomarla como esposa, para lo cual tenÃa que esperarle dispuesta y a oscuras.
Llegó la noche, y Psique se acostó en el lecho perfumado, preparada como le habÃa dicho la voz, esperando que el monstruo acudiese a tomarla, y en la oscuridad sintió como se aproximaba alguien a ella… el temor le duró justo hasta ese momento, porque parece que disfrutó con la experiencia y a partir de entonces, pasaba los dÃas en el palacio disfrutando y esperando que llegase la noche para que su amante se reuniese con ella.

Claro que llegó un punto en que sólo con las noches entretenidas los dÃas comenzaron a resultar aburridos, no podÃa ver a su marido, ya que él le habÃa explicado que si llegaba a contemplarle tendrÃa que abandonarla, no tenÃa contacto con nadie… Psique suplicó y suplicó hasta que al fin accedió a dejar que sus hermanas acudiesen a visitarla. El dios Céfiro volvió a facilitar el transporte, y las llevó al palacio, que las deslumbró y acrecentó los celos que siempre habÃan tenido de Psique. Comenzaron a interrogarla y fueron felices cuando ella les confesó que jamás habÃa contemplado a su marido, puesto que él se lo habÃa prohibido; vieron entonces la posibilidad de envenenar la felicidad que contemplaban: si él no se mostraba, serÃa porque era tan feo que nadie podrÃa soportar su visión, o porque después de hacer que confiase en él querÃa matarla, o porque querrÃa al niño que pudiesen tener para fines inconfesables…

Después de un tiempo, Psique terminó dudando y una noche decidió que verÃa a su amante cuando estuviese dormido aprovechando el bajón que todos (por lo visto hasta los dioses) tienen después; provista de una lámpara de aceite y de un puñal para asesinar al monstruo, se acercó a él, con cuidado, y al ver lo increiblemente bello que era, no tuvo duda alguna de estar ante el mismÃsimo Eros.
Absorta ante la belleza del dios, no se dio cuenta de que la lámpara goteaba aceite, y unas gotas cayeron en el pecho de Eros, despertándole; al abrir los ojos, más apenado que enfadado, le dijo «Psique, Psique, ¿qué has hecho? TenÃamos una unión tan perfecta… pero ahora tu curiosidad y tu desconfianza han arruinado todo» Apenas hubo pronunciado estas palabras, desapareció al tiempo que se esfumaba el palacio, y Psique se vio en medio de un pedregal, abandonada.
Como seguÃa viva, aunque desolada, la historia continúa y prometo terminarla, pero no hoy…;)









