Psique reanimada por el beso del Amor
Psique, expulsada del paraíso que compartía con Eros, y embarazada como estaba, se desesperó e intentó quitarse la vida arrojándose a un río; sin embargo, las aguas la depositaron suavemente en la orilla, donde el dios Pan le aconsejó que no volviese a intentarlo, y que si estaba enamorada, rindiese culto a Eros para reconquistarlo con la promesa de servirlo.

Volvió a su tierra, y contó, por separado, a sus hermanas su desgracia; éstas, por toda respuesta y sin compadecerla en absoluto, le dijeron que ellas también serían capaces de atraer a Eros, y primero la mayor, y después la menor, se vistieron de novia y acudieron sucesivamente a la roca donde Psique había sido expuesta hacía tiempo, pero lo único que encontraron allí fue la muerte.

Psique por su parte, se dirigió a otras diosas, a Hera, protectora de embarazadas, a Deméter, pero ninguna quiso ayudarla por temor a contrariar a Afrodita, que estaba indignada por la desobediencia de su hijo y por haber visto burlados sus designios de aquel modo.
Finalmente, Psique acudió a la propia Afrodita para confesarle su aventura, su amor y suplicar su perdón. La diosa, que ya sabía toda la historia gracias a una gaviota cotilla, teniendo a la joven a su merced, la hizo su esclava y decidió someterla a una serie de pruebas, vigilada por sus sirvientas Tristeza y Soledad.

En primer lugar, Psique debía clasificar antes de que la noche llegase un montón de granos que llenaban una habitación y que Afrodita misma había mezclado: trigo, cebada, mijo, garbanzos, lentejas y habas; era una tarea imposible, pero decidió intentarlo, y las hormigas, apiadadas de ella, colaboraron, de modo que al llegar la noche, todo el grano estaba separado en montoncitos.

El que Psique lograse superar esta prueba, lejos de calmar a Afrodita consiguió enfurecerla más aún, y le ordenó que le llevase un vellón de oro de unos carneros comedores de hombres; ella sabía que era imposible e intentó suicidarse en el río junto al que pastaban, pero una frágil caña de la orilla la detuvo, y le explicó que para conseguir su misión sólo tenía que esperar a que los carneros fuesen vencidos por el sueño.
Cuando Psique regresó con la madeja y se la entregó a Afrodita, ésta tenía ya pensada la siguiente prueba: tenía que ir a llenar una jarra con agua sagrada de la fuente oscura, que luego riega los ríos del Hades. En esta ocasión el águila de Zeus, que estaba en deuda con Eros, acudió en su ayuda y realizó la prueba en su lugar, porque el agua del Hades es mortal y Psique no hubiese podido realizarlo por sí misma.

El furor de Afrodita no cedía, y decidió enviar a Psique a la última prueba: le da una cajita y le pide que vaya a ver a Perséfone y le ruegue que la llene con un poco de su ungüento de belleza. Al escuchar cuál es la tarea que tenía que superar, Psique comprendió que acudía a una muerte segura, pues del Hades no se regresaba (aunque sabemos que lo lograron algunos: Heracles, Ulises y Orfeo), y decidió (nuevamente) terminar con su vida, arrojándose desde la torre más alta del palacio. Pero la torre estaba encantada, le habló y logró que desistiese de su propósito, aconsejándole como realizar la tarea: tenía que acudir a pie hasta la entrada de los Infiernos, y llevar dos galletas para Cerbero y dos óbolos para Caronte, unos para el viaje de ida, y otros para el viaje de vuelta. Además, debía abstenerse de abrir la cajita.

El viaje de ida fue bien, y una vez en los Infiernos, Perséfone recibió amablemente a Psique. Le ofreció asiento y comida, pero ella sabía ya que quien prueba el alimento del Hades no puede volver al mundo de los vivos (Perséfone estaba allí de recordatorio viviente) y que quien se sentaba en la silla del olvido perdía la capacidad de recordar su vida anterior y no podía abandonar el Infierno, así que rehusó educadamente las invitaciones, y consiguió que Perséfone le diese la cajita llena del remedio y sellada.

Eros, mientras, decidió poner fin a la situación implorando la ayuda de Zeus, porque añoraba a Psique. Le contó todo cuanto había ocurrido y le pidió que permitiera un matrimonio legítimo entre ellos. Zeus, después de reprochar a Eros las veces que había interferido en sus asuntos, se mostró magnánimo y le prometió ayuda a cambio de los amores de una doncella. Sellado el pacto, convocó a los dioses a una asamblea en la que explicó a los asistentes que Eros y Psique contraerían matrimonio con su bendición y prometió a Afrodita la inmortalidad para la novia a fin de suavizar la desigualdad de la unión.
Psique abriendo la caja de oro, Waterhouse
Psique por su parte emprendió el viaje de regreso y la curiosidad la tentó nuevamente, porque espabilar no había espabilado mucho con todas las aventuras: decidió abrir la cajita para usar un poco del misterioso remedio; apenas levantó la tapa, un sueño mortal se adueñó de ella. Eros, que había acudido a verla, la encontró sin vida; sin embargo, nada hay que el Amor no pueda, y un dulce beso de sus labios logró despertarla.

Ambos acudieron juntos al Olimpo, donde el mismo Zeus ofreció a la novia la copa de ambrosía y Eros y Psique se unieron en un matrimonio eterno del que nació una hija: Voluptuosidad.