No mires a los ojos de la gente

Mi manÃa de no llevar nunca las gafas puestas, excepto las de sol como si fuese una folclórica en un aeropuerto, pero no todos los dÃas puede una ponérselas y desde luego de noche a mà me sigue pareciendo raro llevarlas, (bueno, conduciendo también me las pongo aunque no sean las de sol) hace que nunca mire con atención a las personas con las que me cruzo por la calle; si reconozco el bulto (por bulto entiéndase persona y no una parte de ella) de una ojeada, sÃ, claro, una cosa es que no vea bien de lejos y otra que sea una antipática, al menos no siempre, porque tengo momentos en los que soy un verdadero encanto (sÃ, sà tengo una abuela todavÃa, pero entendedme, mi abuela, aunque está fascinada con el ratón y las posibilidades del messenger y del skype, no escribe aquà y alguien tiene que decirlo) pero si el bulto no me resulta conocido en el primer vistazo no fijo la mirada más allá de una fracción de segundo, porque no hay nada más incómodo que un cruce de miradas que no se busca. Yo creo que viene a ser como cuando de pequeños cerrábamos los ojos o buscábamos un árbol que apenas nos tapaba la cara y no el resto del cuerpo para escondernos, de mayores no miramos para que no nos vean.
A veces de un cruce de miradas surge un chispazo, pero no suele ser lo habitual, lo normal es que más que un chispazo sea un calambre y se te quede mirando la persona con la que ocurre, y tú a ella, pensando los dos simultáneamente ¿nos conocemos? ¿será alguien de quien tengo que recordar el nombre y la cara? ¿además del nombre y la cara tendré que recordar alguna otra circunstancia de esas que te obligan a hacer preguntas «sociales» que pueden ser embarazosas si hace tiempo que no la ves? Aunque yo ya suelo despachar con un «¿cómo va todo?» sin entrar en más detalles.
Creo que desde que era pequeña, que estaba fascinada con los ojos de mi pediatra, tenÃa uno gris y otro marrón, no miro a los ojos de nadie, excepto cuando estamos hablando, claro; entonces me ocurre justo lo contrario, no me gusta nada la gente que mira por encima de tu hombro o hacia los lados, a cualquier sitio menos a los ojos.









