no me toquesNo sé exactamente cuándo comenzó la moda de que había que ser cercano a la gente, y que teníamos que «tocarnos», aunque sí recuerdo vagamente un programa de entrevistas de Mercedes Milá en el que ella insistentemente tocaba el brazo del entrevistado, supongo ahora que por dar una imagen de cercanía, por facilitar el acercamiento y relajar la situación. Conmigo hubiese conseguido el efecto contrario, me retraigo con la gente tan expansiva sin motivo. No creo tener ningún tipo de fobia, no me salen sarpullidos porque nadie me roce, pese a que lo delicado de mi piel me haga notar un guisante bajo los colchones; incluso a días soy cordial, y doy los dos besos en las mejillas que se han impuesto, desde que tengo uso de razón, te presenten a quien te presenten, no retiro la cara cuando la persona inicia el gesto, nada de eso; y soy hasta cariñosa con la gente que quiero, me gusta tocar y ser tocada por mis amigos, agradezco y doy abrazos y besos, me gusta notar que están cerca. Pero no consigo entender por qué ahora tanta gente para hablar contigo necesita tocarte aunque no sepa ni tu nombre, darte golpecitos en un brazo como si no estuvieses atenta a lo que dicen, tocarte para llamar tu atención antes incluso de iniciar la conversación. No me gusta. Aborrezco la cercanía que no busco, odio que invadan mi espacio, no soporto el roce de los desconocidos. ¿Es que no se puede establecer una especie de «distancia social»? Y en su defecto ¿no pueden inventar algo para que yo dé calambre a voluntad?