Entradas archivadas en Febrero dEurope/Berlin 2005

Viernes, 18 de Febrero de 2005


Zeus, el más poderoso de los dioses, era un conquistador insaciable. Pudiera parecernos que teniendo tanto poder sus aficiones rijosas no encontraban obstáculos, pero Zeus altitonante tenía la misma traba que tiene el más común de los mortales: una esposa vigilante. Este pequeño inconveniente era solucionado por Zeus no mandándola de veraneo, sino metamorfoseándose él mismo en animales variados.
Un día vio Zeus a una joven jugando en una pradera con sus compañeras, se informó y supo que era Europa, la hija de Agenor, rey de Fenicia, y su esposa Telefasa; entonces, trazó un plan para poseerla. Mandó a Hermes conducir el ganado de Agenor a la pradera donde solían estar Europa y sus compañeras y él se unió al rebaño transformado en un hermoso toro blanco. Europa, atraída por su rareza y prendada de su belleza se acercó, y viendo que era manso como un cordero, comenzó a jugar con él, primero con menos confianza, después acariciándole y finalmente montada en su grupa. El toro, con Europa sobre él, se dirigió lentamente hacia el mar y una vez en la orilla, comenzó a nadar rápidamente alejándose de la costa, momento que recoge el cuadro de Tiziano, atravesando el mar hasta la isla de Creta.
Una vez en Creta, Zeus reveló su identidad a Europa, yació con ella y, aparte de varios regalos, le dio tres hijos: Minos (el que recibió el famoso toro de Posidón, ese regalo que tanto le gusto a Pasífae, su esposa), Radamantis (segundo marido de Alcmena, después de morir fue erigido en Juez de los Infiernos debido a su reputación de equidad) y Sarpedón (rey de Licia).
Cuando Zeus dejó a su amante estableció otra costumbre que después se ha venido observando a lo largo de los siglos: la casó con otro. En este caso el agraciado fue el rey de Creta Asterión, que reconoció a los hijos de Zeus y tuvo además con Europa una hija, Crete.
Algunas voces dicen que nada tiene que ver que nuestro continente (del que tanto vamos a oír hablar este fin de semana) se llame así con esta Europa, pero a mí me gusta pensar que es en su honor, como la metamorfosis de Zeus en toro está representada por toda una constelación en el cielo, la de Tauro.

Jueves, 17 de Febrero de 2005


Mi manía de no llevar nunca las gafas puestas, excepto las de sol como si fuese una folclórica en un aeropuerto, pero no todos los días puede una ponérselas y desde luego de noche a mí me sigue pareciendo raro llevarlas, (bueno, conduciendo también me las pongo aunque no sean las de sol) hace que nunca mire con atención a las personas con las que me cruzo por la calle; si reconozco el bulto (por bulto entiéndase persona y no una parte de ella) de una ojeada, sí, claro, una cosa es que no vea bien de lejos y otra que sea una antipática, al menos no siempre, porque tengo momentos en los que soy un verdadero encanto (sí, sí tengo una abuela todavía, pero entendedme, mi abuela, aunque está fascinada con el ratón y las posibilidades del messenger y del skype, no escribe aquí y alguien tiene que decirlo) pero si el bulto no me resulta conocido en el primer vistazo no fijo la mirada más allá de una fracción de segundo, porque no hay nada más incómodo que un cruce de miradas que no se busca. Yo creo que viene a ser como cuando de pequeños cerrábamos los ojos o buscábamos un árbol que apenas nos tapaba la cara y no el resto del cuerpo para escondernos, de mayores no miramos para que no nos vean.
A veces de un cruce de miradas surge un chispazo, pero no suele ser lo habitual, lo normal es que más que un chispazo sea un calambre y se te quede mirando la persona con la que ocurre, y tú a ella, pensando los dos simultáneamente ¿nos conocemos? ¿será alguien de quien tengo que recordar el nombre y la cara? ¿además del nombre y la cara tendré que recordar alguna otra circunstancia de esas que te obligan a hacer preguntas «sociales» que pueden ser embarazosas si hace tiempo que no la ves? Aunque yo ya suelo despachar con un «¿cómo va todo?» sin entrar en más detalles.
Creo que desde que era pequeña, que estaba fascinada con los ojos de mi pediatra, tenía uno gris y otro marrón, no miro a los ojos de nadie, excepto cuando estamos hablando, claro; entonces me ocurre justo lo contrario, no me gusta nada la gente que mira por encima de tu hombro o hacia los lados, a cualquier sitio menos a los ojos.

Miércoles, 16 de Febrero de 2005


Parece que desde el Ministerio del Interior están planteándose, después de atacar el uso del teléfono móvil, prohibir que se fume cuando se conduce. Me parece bien. Quizá porque a mí me falta coordinación no he terminado de entender nunca como la gente puede usar una mano en el volante, otra en la palanca de cambios y otra en actividades diversas dentro del coche; quizá no es coordinación, lo que me falta es una mano porque suman tres. Es cierto que fumar mientras se conduce es incómodo, porque cuando tienes que usar las dos manos para el volante, o cambiar de marcha precipitadamente, el cigarrillo es un estorbo: si va en la mano, porque dificulta su movilidad, si lo dejas en la boca, porque el humo ciega tus ojos y además te da una imagen de pianista de jazz viejecito que no favorece nada, y ya que previsiblemente vas a atropellar al cojo que cruza el semáforo en rojo, al menos que lo último que vea sea algo agradable. Cabría dejarlo en el cenicero, pensaréis; pues sí, pero ahora ya no llevan ranuritas para que se sujete, así que en la siguiente curva puede tranquilamente terminar sobre la alfombrilla, encendido, y no sé si es peor dejar que arda todo o agacharte en marcha para recogerlo.
O sea, que el problema es llevar las manos donde no debes, en el cigarrillo, en el teléfono, en la mano, en la rodilla o en cualquier otra parte accesible de tu pareja… esto último pensaréis que no es tan grave; pues dependerá de la pareja, digo yo, y como no vamos a andar tomando en cuenta factores como el tiempo de relación (a más tiempo menos peligro de distracción), la atracción (cuanta más, mayor peligro), o lo bien que responda al estímulo (esto no necesita explicación ¿verdad?), pues mejor lo prohibimos en todo caso.
Y nada de limpiezas de orificios (propios, ajenos aún no lo he visto) cuando uno conduce: ya que por la vía de que es una guarrada no podemos erradicar la costumbre, a ver si por la de la seguridad vial convencemos a alguien de que meterse el dedo en la nariz o en la oreja es peligroso y pone vidas en peligro, además de dar mucho asco.

Martes, 15 de Febrero de 2005


Hubo una época en la historia de los hombres en que no tenían fuego, era un castigo o un regalo de los dioses, o lo que podían sacar de beneficio después de haber sido castigados aprovechando los rescoldos que dejaba un gran incendio. Pasó un tiempo antes de que pudiesen dominarlo, crearlo a voluntad y extinguirlo casi a voluntad, porque hoy seguimos sin poder dominarlo por completo cuando muestra su furia y decide volverse incontrolable, y alguno de los mitos que más me gustan tiene como argumento su consecución por los humanos.
Lo consiguiesen de un modo u otro, lo cierto es que fue uno de los hechos significativos en nuestra historia. En palabras de Eudald Carbonell:

«El fuego tuvo un impacto brutal. El fuego cambió para siempre las sociedades humanas. Cambió la alimentación, cambió el modo de protegerse del frío, cambió el modo de comunicarse entre los miembros del grupo, cambió la demografía… Lo cambió todo. Fue un progreso fundamental porque permitió otros progresos que a su vez abrieron la vía a otros progresos. Fue el punto de origen de una reacción en cadena que ha llevado hasta nosotros.»

Creo yo que todo esto justifica más o menos mi fascinación por el fuego; bien, no hago estas reflexiones cada vez que enciendo una vela, no estoy tan loca, es sólo que busco coartadas para mis «vicios». Claro que como ya hemos quedado en que mis delitos terminaron cuando era pequeña, en lugar de convertirme en una pirómana, me he convertido en una especie adoradora de las velas y de las chimeneas.
Vi una vez un reportaje sobre una cadena que emitía constantemente la imagen de una chimenea ardiendo, y por lo visto tenía gran éxito en Japón; conmigo no tendría el mismo, porque del fuego me gustan otras cosas, aparte de verlo.
Del fuego me gusta también notar su calor, ningún otro es igual que el del fuego directo, tan inmediato y tan abrasador; me encanta ser iluminada sólo por él, nada más la luz de las llamas en la habitación, que hacen esos juegos de dorados y sombras tan favorecedores sobre la piel; me tranquiliza escuchar su crepitar y, sobre todo, me gusta el olor, especialmente cuando se queman sarmientos o piñas.
A veces pienso que gracias a Dios no tengo una chimenea a mano, si la tuviese, sería como Iluminada, la protagonista de «Amor dañino o la víctima de sus virtudes», una comedia de Alonso Millán, o drama rural de humor que es como lo llamó el autor, en el que ella, para calmarse, se pasa el primer acto encendiendo la chimenea, despreciando el calor de agosto.
Estoy pensando (otra vez, va a terminar convirtiéndose en costumbre) que si lo que de verdad me gustase fuese el fuego en sí, me quedaría flipada mirando los quemadores de las cocinas de butano, y no es el caso; tanta reflexión y ahora me toca empezar de nuevo. Bueno, ahora no, otro día mejor.

Lunes, 14 de Febrero de 2005

Noooo, no voy a seguir la cruzada ostia/hostia, sino/si no, ni nada por el estilo, hoy al menos, es que…hoy es el día de los enamorados… ¿no os sale cantar esa canción en un día como hoy, tan lleno de corazoncitos y cupidos? Aunque no sé si en cine de barrio habrán programado este año la película esa en la que salía el santo con pinta de galán y arreglaba parejas.
Ya sé, ya sé que es un invento comercial que debemos a Pepín Fernández o algo así, y que no faltará quien aborrezca la fecha con todas sus fuerzas, pero no pienso renegar de que haya un día dedicado al amor, teniendo bien claro que no exime al resto de los días del año. Me gusta ser el centro de la vida de alguien y que me lo haga saber también hoy, y me encanta cuando coincide con que ese alguien es el centro de la mía.
Así que bienvenidas las flores, y los regalitos, y las canciones dedicadas como en las radios antiguas. No quiero tener nunca a nadie de esos que en nombre de no dejarse llevar por el consumismo no tienen jamás un detalle, o de los que sólo te dicen que te aman cuando necesitan marcar el territorio y justo hasta el momento en que perciben la plaza tomada en el singular combate que hacen de la seducción.
Pero reconozco que el día de hoy se presta a todo tipo de excesos y cursilerías, es como un día de boda pero más, porque se ve que en un día como hoy no basta el cuelgue normal que le lleva a uno al borde del altar, no, hay que demostrar que se está aún más colgado.
Como sospecho que todo esto ocurre porque sobrevaloramos el amor, como antídoto recordemos a Jardiel Poncela:

[...]
_ Porque éste _ explicó señalándole_ ha tomado demasiado en serio el amor, sin fijarse en que amor se escribe sin hache.
Dolly y Molly _como hacen todas las mujeres cuando no entienden una cosa_ se echaron a reír. (Por eso ríen tanto al cabo del día)
_ ¡Chist! Nada de reírse…_protestó Fermín_. Estoy hablando en serio. Las cosas importantes, las únicas cosas importantes que existen en el mundo, se escriben con hache, y, por el contrario, se escriben sin hache las infinitas cosas que no tienen importancia.
_ Explica eso _ pidió Zambombo interesado.
_ No hace falta explicarlo. Basta con repasar el diccionario. Busca las cosas trascendentales y sólo las hallarás con h. Los hijos con hache; el honor, la honra con hache; Dios (Hacedor Supremo) con hache; hombre, con hache; la materialización de Cristo (La Hostia) con hache; la hidalguía, con hache; el habilitado, que es el que paga, con hache…
Hubo nuevas risas.
_ Os hago reír, ¿verdad? Reír es de lo más importante del mundo: y humorismo se escribe con hache… [...] «Amor se escribe sin hache» 1929.


Feliz día, con amor o sin él; dejadme que os regale una cala, que es mi flor favorita, aunque la fecha imponga las rosas rojas.


myspace
Alojamiento: Plica Zaragózame S.L. y Jio Todos los textos de esta web están escritos por la PrincesadelGuisante, salvo indicación contraria.