cariño, no es lo que parece
Todos crecemos escuchando aquello de «se pilla antes a un mentiroso que a un cojo» pero es una de esas cosas que nos impresionan tan poco como otras tipo «quien a hierro mata, a hierro muere», o quizá sea que recordamos pero no aprendemos cosas que vayan en contra de nuestra naturaleza.
Es como en los chistes de cuernos (de infidelidades, no de toros) que el cónyuge encontrado en la cama en pleno coito sólo saca fuerzas para decir en medio de los gemidos «no es lo que parece».
A veces quien ha sido pillado en un evidente renuncio, o quien ve que sus palabras o actos tienen más repercusión de la que pudo prever, no tiene ningún empacho en desdecirse abyectamente o intentar hacerte creer que lo que ven tus ojos y lo que escuchan tus oídos no es cierto o no significa lo que significa, cuando lo gallardo sería asumir lo dicho o lo realizado y callar; desde luego en ningún caso mandar un mensajero, o adoptar un disfraz, para decir lo contrario o para insultar a tu inteligencia. Incluso a veces sería mejor pensar antes de hacer o decir, pero esto es pedir peras al olmo en muchos casos, concretamente en el del presidente autonómico catalán y su exégeta Montilla. Claro que Montilla igual antes de hablar podía haber pedido a Conde Pumpido que le explicase bien qué interpretó él de lo que dijo Maragall. Aunque también puede ser que a los nazionanistas no les entendamos cuando hablan en castellano porque a fuerza de no usarlo ya no es que lo destrocen, es que lo han olvidado, como creían que nunca más iban a necesitarlo pensando que Marín en lugar de la mano les había dado el brazo